Por: Santiago Montenegro

Crisis mundial

EN MEDIO DE LAS DIFÍCILES CIRCUNStancias de la economía mundial, los colombianos tenemos que darnos por bien favorecidos.

No sólo porque la economía está mostrando signos más o menos alentadores de recuperación, sino porque, a nivel institucional, no sin pocos esfuerzos, hemos logrado evitar las fisuras, el debilitamiento o el descalabro de la democracia que se está observando en otras latitudes. Hablar de Venezuela es, por supuesto, llover sobre mojado. Día de por medio, el autócrata lanza un nuevo ataque a la libertades de expresión y de mercado y a la democracia. No va a descansar hasta ver a Globovisión clausurado y a sus accionistas en la cárcel o en el exilio.

A pesar de que la economía muestra signos favorables de recuperación, en Argentina la pareja gobernante no sabe qué inventarse para detener su caída en las encuestas de opinión y asegurar la reelección presidencial. Ahora van por Papel Prensa, la fábrica de papel cuyos dueños mayoritarios son los dos grandes periódicos del país, Clarín y La Nación. Con el pretexto de que el papel es un bien público que debe estar controlado por el Estado, la pareja quiere el sometimiento de estos dos periódicos, que no han hecho otra cosa que informar bien al país, criticar legítimamente los excesos, exabruptos y los escándalos de corrupción de los funcionarios públicos. Para acallarlos, los han acusado de haberse aliado con la dictadura militar en 1976 para hacerse a las acciones de David Graiver, dueño de la papelera, y de cobrar precios del papel más elevados a los periódicos del interior. Unas semanas antes, Julio de Vido, ministro de Planificación y hombre de confianza de Néstor Kirchner, había anunciado que el gobierno anulaba la licencia de Fibertel, el proveedor de internet y una de las fuentes más importantes de ingresos de Clarín.

Pero, si en nuestro continente llueve, en Europa no escampa. Porque es igualmente deplorable observar la deportación de gitanos que está realizando el gobierno de Nicolás Sarkozy, quien, como Chávez y los Kirchner, ve con desesperación su caída en las encuestas de opinión, que a duras penas le dan en este momento el 25% de aprobación. Al igual que Berlusconi, Sarkozy creyó que la expulsión de los gitanos sería un golpe favorable en la opinión pública, cansada de los elevados índices de inseguridad, pero la reacción en contra ha sido demoledora. El Consejo de Europa, el papa Benedicto XVI, la iglesia francesa y toda la oposición de centro y de izquierda han reaccionado contra semejante despropósito que recuerda los peores episodios de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial y que hiere los valores republicanos de la patria de Montaigne, de la Ilustración y de la Revolución.

Y, ¿qué tal el espectáculo que dio la extrema derecha norteamericana, encabezada por el locutor Glenn Beck, en el aniversario 47 del famoso discurso Yo Tengo un Sueño, de Martin Luther King? Con una agenda por y para los blancos, contra los extranjeros y a favor del gran capital, al pie del Monumento a Lincoln, acusaron al presidente Obama de comunista, corrupto y racista. Según el locutor, Dios le contó que Obama está instaurando una dictadura en los Estados Unidos.

Todos estos episodios, aparentemente inconexos y en lugares distantes unos de otros, tienen como telón de fondo una época de crisis y de cambios, que recuerdan a las grandes crisis de los veinte y treintas del siglo pasado. Hay que estar alertas, porque, como dijo alguien, más que una época de cambio, puede ser que estemos enfrentando un cambio de época.

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