Por: Germán I. Andrade*

Crisis vital

Participé como miembro del Panel Multidisciplinario de Expertos de la Plataforma de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos Ipbes, en el proceso que llevó a la confección final y aprobación de parte de los gobiernos de la primera evaluación global del estado de la biodiversidad. Espacio privilegiado, que funge como puente entre el conocimiento científico, cada vez más alimentado por sistemas de conocimiento indígena y local. Un espacio para construir decisiones con base en la evidencia; un contrapeso urgente a tener en cuenta en un mundo en el cual los intereses económicos y las opiniones vienen tomando el lugar que le corresponde a la gestión basada en el conocimiento. Grandes lecciones para Colombia, país que ha tenido un papel fundamental reconocido internacionalmente, prueba de lo cual fue la elección de Ana María Hernández del Instituto Humboldt como sucesora de sir Robert Watson, en la presidencia de esta organización.

El trabajo aprobado en París representa el estado del conocimiento de la biodiversidad y sus tendencias, con base en la mejor ciencia y conocimiento disponibles. Más de 15.000 textos científicos y documentos de gobiernos y organizaciones fueron incorporados en un texto de 1.500 páginas, con un resumen de 80 con los mensajes clave, que fue lanzado el pasado lunes 6 de mayo. La evidencia es clara: los seres humanos estamos transformando el mundo de tal suerte que hemos puesto en riesgo de extinción en las próximas décadas hasta un millón de especies. Esta cifra no tendría un significado general si no vinera ligada con una advertencia. Los beneficios que los seres humanos derivamos de la naturaleza no están garantizados. La agricultura, las pesquerías, la salud humana, la calidad de vida en las ciudades, la energía y, sobre todo, la seguridad ambiental están en grave riesgo. Al acabar con la vida, en el planeta de la vida, hemos puesto en riesgo todas las formas en que los humanos pretendemos mejorar nuestro bienestar, incluido el desarrollo. De hecho, se documenta que el 80 % de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible podrían no lograrse, de continuar esta tendencia. Es un mensaje de urgencia para las decisiones políticas, las empresas y los ciudadanos, para detener el nuestro negativo sobre la naturaleza viva e iniciemos su reparación. Se trata de una nueva alineación de las políticas internacionales multilaterales, que tendrán influencia sobre las empresas y los gobiernos. De hecho, el presidente Macron recibió el lunes el informe, y lo trasladó directamente como una prioridad al grupo de los ministros del G7 en ese momento reunidos en Metz.

¿Cuáles son las implicaciones de este movimiento en el ajedrez científico-político para Colombia? Recordemos que el presente Gobierno en el Plan de Desarrollo declara que la biodiversidad es un “activo estratégico de la nación”. Así, las cosas están dadas para que analicemos las implicaciones, que son varias y comprometedoras. Hay que pasar de los postulados a la acción, en todos los sectores y niveles de la gestión pública.

Lo primero es reconocer que biodiversidad no es lo mismo que naturaleza protegida. Va más allá, e incluye los procesos ecológicos en todo el territorio. No es suficiente lo que se hace en términos de conservación en las reservas y parques. Se requiere una agenda específica de acción en la biodiversidad, como variable dependiente que se modifica en el sector agrícola y ganadero, en la urbanización, la explotación de los recursos vivos, la contaminación y el desarrollo energético. Si la retórica del Plan de Desarrollo se tomara en serio, asuntos como el puerto de Tribugá deberían rechazarse —pone en riesgo una de las zonas más biodiversas del mundo—, y otras como la agricultura industrial, el urbanismo y el desarrollo hidroenergético deberían entrar a revisión. La agenda de acciones debe permear el Plan de Desarrollo en su fase de aplicación, y está prefigurada en el trabajo del Instituto Humboldt en la propuesta de Transiciones Socioecológicas hacia la Sostenibilidad. Es decir, hay con qué. ¿Habrá con quién?

* Profesor de la Facultad de Administración e investigador del Centro de Objetivos de Desarrollo Sostenible, Universidad de los Andes.

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