Por: Antonio Casale

Críticos implacables

El fútbol, juego que mueve pasiones, permite que los críticos, tal vez de manera inconsciente, nos convirtamos en jueces del rendimiento ajeno de manera implacable.

Seguramente les exigimos tanto a los futbolistas porque siempre queremos ver en ellos lo que nosotros no podemos ser. Pero a veces se nos va la mano. Son tan humanos como nosotros.

La selección de Colombia sub-20 terminó su participación en el suramericano con el partido soñado. Contundente victoria frente a Brasil que le dio el subcampeonato y la gran posibilidad de pelear en el repechaje por un cupo a los Olímpicos. Pero antes de ese juego, la implacable crítica deportiva se empeñó en juzgar a esos muchachos como si fueran ya mayores.

En nuestro país esta categoría es inusitadamente importante. Puede ser porque, por allá en 1985, la selección juvenil dirigida por Marroquín, la de Castaño, Higuita, Tréllez y compañía, fue la primera que le demostró al país que en fútbol sí se podía conjugar el verbo ganar.

Lo cierto es que perdemos de vista con gran facilidad que el análisis del fútbol juvenil no puede ser tan exigente como lo es el de mayores, ni en lo colectivo ni en lo individual. En estas categorías, por condición humana y de edad, hay muchos altibajos emocionales y en consecuencia constantes imperfecciones en el cumplimiento de las tareas colectivas. Por ende, los resultados de un juego a otro, o incluso dentro de un mismo partido, son tan incoherentes como la misma adolescencia en la que viven sus actores.

Lo que más debe importar de la selección juvenil es la materia prima que pueda quedar de cara al futuro. En ese sentido, aunque esta selección quedó subcampeona y la anterior campeona, resultados que son muy parecidos, todo parece indicar que esta puede dejarnos una mayor cantidad de jugadores seleccionables para cuando sean mayores. Montero, Lucumí, Tello, Orejuela, Angulo y Santos Borré son muestra de ello. Varios de esos apellidos pronto serán familiares para la afición en la categoría absoluta.

Mucho se le criticó al técnico por los constantes cambios en la formación titular y la manera de tocar el equipo. Yo creo que acertó. Supo leer el vaivén emocional de unos muchachos de 18 años, bien dotados técnicamente aunque con algunas falencias para comprender el juego colectivo. A pesar de que algunas de sus decisiones le salieron bien y otras no, el Piscis confirmó que es el entrenador y “papá” ideal para surtir de hombres y jugadores de bien el futuro del fútbol colombiano. El DT de los juveniles debe saber leer estas cosas, las decisiones que debe tomar están alimentadas de otros factores, distintos a las de los mayores.

Los muchachos cumplieron. Los críticos no. Seguimos en mora de aprender a observar el fútbol más allá del balón.

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