Crónica de días no felices

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Ola de rechazo en el mundo y fuerte malestar en Estados Unidos por la actitud de Trump en las elecciones. Pero qué querían, ¿que se comportara como una persona normal? Nombrar a ese tipo de clowns con ideas y proyecto propio (tipo el Guasón) tiene sus consecuencias. No creo que se lo quiten de encima tan fácilmente. ¿Cuánto se demoró Italia en operarse de Berlusconi? Tres décadas y todavía anda por ahí el viejito octogenario, aburriendo a la gente con sus chistes. Y eso que, tras la llegada de Trump al escenario político, Berlusconi quedó tan opacado que llegó a parecer un líder de los normales. Ganó Biden, pero Trump, que no es tonto y tiene mandíbula reforzada, no va a soltar el hueso a cambio de nada. Imagino que negociará por lo bajo una larga serie de impunidades para él y sus empresas antes de liberar la Casa Blanca. No creo que le importe mucho el “daño a la democracia” y el golpe a la “imagen internacional” de Estados Unidos. Como dicen en España, se ve de lejos que todo eso “se la suda”. Lo de él es la plata, los negocios dejados a medias.

El papelón de Colombia en todo ese proceso fue uno de los aspectos más divertidos de las elecciones en EE. UU. Ver al partido de gobierno con sus aspirantes a Trumpcitos criollos, los “quiero y no puedo” de por aquí, hizo que me lo pasara realmente bien. Macías, Paloma y Obdulio, rezándole por primera vez al rojo. La Cabal, de rodillas ante la obesa figura de Donald (ojalá fuera el pato), lo mismo que su marido ganadero (y exsuperintendente de notarías, destituido por corrupto), al que, por cierto, le acaban de pegar una estrepitosa y muy merecida mentada de madre vía Zoom que entrará a los anales de la comunicación virtual. Si fueran gringos, la Cabal y Lafaurie serían como esa pareja que la televisión captó con metralletas en la puerta de su casa al paso de la protesta por el asesinato de George Floyd. Sólo que en Colombia sí pueden disparar, con brazo ajeno y traje mimético ajeno, en las oscuras noches patrias de la autodefensa y la paz con legalidad.

Pero el episodio central de la zarzuela polombiana en Washington estuvo a cargo, como es costumbre, de Pachito, the Ambassador. ¡Intentar hacer campaña a favor de Trump! ¿Habrá habido en los 200 años de historia de nuestra honorable república un acto de lagartería siquiera parecido? Lo dudo. Lo que hace único este episodio es la interesantísima mezcla de lambón con culipronto, sello de marca de Pachito en casi todo lo que hace, incluso cuando fue entusiasta impulsor de un Bloque Capital de las autodefensas en Bogotá por la misma época del asesinato de Jaime Garzón (¿fuiste consultado, Frank?). Y Duque, al revés que la Policía, apagando incendios a corbatazos. Pero me salgo del tema, volvamos a Estados Unidos. Nuestras élites siempre han sido mansitas con los poderosos de afuera, sobre todo si son de EE. UU., ¡pero esto sí es la tapa de la olla! Llegar a ofrecer una visita de Duque a Florida… Hasta dan ganas de creer que eso habría cambiado los resultados. Ay, Pachito, ¿qué otra luminosa idea tienes preparada? Lo peor para el Centro Democrático es que, sin Trump en la Casa Blanca, la política de decir mentiras caerá en el desprestigio, ¿y entonces cómo van a hacer para el 2022?

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