Por: Nicolás Rodríguez

Crónica de una metáfora gastada

Un artículo de La Silla Vacía retoma con nombres propios algunos de los asesinatos más recientes contra personas que se asocian mayoritariamente con la izquierda. Dada la buena y merecida reputación de La Silla Vacía entre periodistas, académicos y políticos nacionales, es de esperar que el Gobierno se tome en serio las alarmas.

Otras agencias de noticias regionales lo han intentado todo, en diversos tonos, pero sin resultados. La situación se sigue reduciendo, parece, a un problema de diagnóstico. ¿Está o no activo el paramilitarismo? ¿Existen las condiciones para la movilización social? ¿Estamos en posconflicto o en conflicto? ¿Tienen miedo los sectores de la izquierda?

Todas estas son preguntas fundamentales. Algunas más retóricas que otras, pero de cualquier forma relevantes. El problema es que también son tardías. Espasmódicas, dijéramos. Entre tanto, líderes son asesinados y las marchas que se viven en ciudades incluso cercanas a Bogotá no trascienden.

Una de las figuras literarias que ilustran el cortocircuito entre el Gobierno, los analistas que frecuentan los medios y las violencias es el de la “crónica de una muerte anunciada”. En esta reiterativa imagen los asesinatos recientes serían una “crónica de una muerte anunciada”, que se parece a lo ocurrido con la Unión Patriótica.

El sentido de la metáfora es claro e ilustrativo, pero también engañoso. Remite a una guerra cíclica, legendaria, atemporal. Entre las víctimas mencionadas por La Silla Vacía, sin embargo, hay personas asociadas al último paro agrario, a la oposición a la minería ilegal, a la lucha contra el microtráfico, a la restitución de tierras y a la Marcha Patriótica. Algunos políticos capitalinos de la izquierda dirán que estas agendas caben todas en la sombrilla de la “violencia contra la paz”, pero eso solo remite a un reduccionismo partidista.

Demasiados tropos gastados incentivan correlatos como el de la mano negra. Una suerte de realismo mágico aplicado a la violencia.

 

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