Por: Salomón Kalmanovitz

¿Cuál bonanza?

EL NUEVO MINISTRO DE HACIENDA, Juan Carlos Echeverry, confía en una bonanza petrolera a la vuelta de la esquina que duplicará la producción, que hoy se acerca a los 780.000 barriles diarios de crudo.

La producción de carbón debe pasar de 70 millones de toneladas anuales a 100 millones en el curso de tres o cuatro años, algo que por lo menos está geológicamente comprobado.

Según el director de Centro de Altos Estudios Minero-energéticos de la UIS, Óscar Vanegas, las proyecciones del Gobierno en petróleo sólo se cumplirían si se encuentran reservas probadas cuantiosas, lo cual no ha sucedido hasta el momento. Los modestos aumentos de la producción logrados son resultado de mejoras en la recuperación del crudo de los yacimientos existentes, lo cual tenderá a disminuir en dos o tres años.

Los últimos yacimientos importantes encontrados fueron los de Cusiana (1989) y Cupiagua (1991); desde entonces, no se ha descubierto alguno que cuente con reservas de más de 100 millones de barriles. Las reservas colombianas totales son de 1.800 millones de barriles que se comparan pobres frente a Venezuela, que cuenta con 65.000 millones, sin incluir sus crudos pesados.

En los últimos ocho años Ecopetrol ha invertido 5.000 millones de dólares en exploración, lo cual apenas ha permitido reponer la extinción de los campos existentes con 538 millones de barriles diarios. Sólo el 2% de ese monto corresponde a nuevos hallazgos, mientras que el resto viene de recuperación de pozos existentes y adquisición de los pozos de Hocol y Petrotech.

La concesión de la mina El Descanso en el Cesar a la Drummond, una empresa familiar sin mucha capacidad financiera y de 0 en conducta corporativa, tiene un potencial de producir 20 millones de toneladas de carbón por año. El hecho de que esta firma esté buscando alianzas con las corporaciones serias del sector demuestra que no tenía capacidad para explotar la concesión graciosa del gobierno Uribe y puede demorar la puesta en marcha del nuevo yacimiento.

Así las cosas, habrá un aumento moderado de la producción minero-petrolera y el país no capturará una enorme renta que lo descargue de pagar impuestos, que fue la razón para que Santos dijera que no se necesitaba reforma tributaria. Encubría, de esta manera, el hecho de que el déficit fiscal es insostenible si no se recaudan recursos sanos.

¿Cómo se propone lograr estos recursos el nuevo gobierno? Por el momento, se ha anunciado una reforma constitucional a las regalías para quitárselas a los municipios y departamentos que las han despilfarrado lastimosamente y para que contribuyan a financiar el hueco fiscal del gobierno central; si queda algo, se destinará a inversiones regionales, asignadas por Planeación Nacional. Es claro que habrá una enorme resistencia regional en el Congreso para aprobarla.

Otros recursos vendrán si se logran liquidar los extravagantes y costosos subsidios otorgados por Uribe a empresas para que adquirieran maquinaria o se volvieran zonas francas de bolsillo (que cuestan 2 puntos del PIB), algo que no será fácil dados los contratos de seguridad jurídica con que se les blindó. Otra alternativa insinuada en el presupuesto de 2011 es un recorte brutal del gasto y de la inversión. En fin, si el Gobierno busca obtener unas finanzas en equilibrio y un alto nivel de inversión pública tendrá que hacer una reforma tributaria grande e integral.

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