Por: Columnista invitado EE

¿Cuál conversación?

Por Carlos Cheirúa

El presidente Duque, presionado por el contundente Paro Nacional que ha tenido que enfrentar luego de 15 meses de un gobierno errático, profundamente inmaduro y lleno de improvisaciones, contradicciones y reversazos, propone hoy, a la Macron, una gran conversación nacional para --por fin-- escuchar los clamores de todos los sectores de la sociedad, que están profundamente inconformes con su gestión.

Lo paradójico ¡e indignante! es que estamos donde estamos justamente porque este gobierno se propuso, desde el incio, hacer oídos sordos a la conversación más trascendental que hemos sostenido los colombianos en toda su historia. Combatientes, militares activos y en retiro, empresarios, iglesia (s), víctimas y victimarios, sociedad civil, comunidad internacional, la ONU, entre muchos otros, durante más de cinco años se dedicaron justamente a eso: a conversar, a escucharse, a dirimir diferencias y controversias en apariencia irreconciliables, a trazar una hoja de ruta para desmontar la máquina de guerra y de muerte más atroz que ha conocido la historia reciente de la humanidad. Esa conversación, después de cinco arduos años de sacrificios, de paciencia (paz-ciencia), de claudicaciones y concesiones inevitables de parte y parte, arrojó un resultado que se llamó los Acuerdos de Paz de La Habana.... por una paz estable y duradera...por la reconciliación entre los colombianos...por la no repetición de los horrores....por un cambio de lógica que permitiera intercambiar las balas por las palabras. Transformación que fue reconocida con el galardón más importante que confiere la Humanidad a quienes consiguen este cambio de paradigma y de lenguaje: el Premio Nobel de Paz.  

Pero no....el partido de gobierno decidió que la paz conseguida por su antecesor (y el silencio de más de 10 mil fusiles)  no era la ley: no era un mandato constitucional que había que acatar y perfeccionar con todos los mecanismos que esa misma ley le proporcionaba: la JEP, la Comisión de la Verdad, los Centros de Memoria Histórica... y otras instancias civilizatorias que fueron concebidas y establecidas para parar y explicar la barbarie que hemos vivido. El director del partido de gobierno, el presidente eterno y tutor/mentor del joven e inexperto presidente le ha hecho más daño a su pupilo que al propio Santos. La historia ya le está dando al esfuerzo y al logro descomunal del gobierno anterior su reconocimiento ¡ese sí! eterno por el coraje de hacer la paz. La guerra no siempre es de valientes: casi siempre es lo contrario. Se requiere mucho más valor para desactivar una bomba que para colocarla y hacerla estallar.

Presidente Duque: primer paso para que su conversación tenga un mínimo de sentido y de posibilidades de éxito: reconozca el error que ha sido el torpedear la conversación más seria y trascendental que ha sostenido este país para recuperar la cordura, la humanidad y la dignidad.

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