Por: Rafael Orduz

¿Cuál es el enemigo después de agosto 7?

Un enemigo puede ser el mejor argumento para triunfar en las elecciones. Lo que fueron las Farc en el 2002, verdadera amenaza entonces.

Hoy, la narrativa del enemigo es más complicada. Entregadas las armas de las Farc, desmovilizados sus militantes, disminuidos electoralmente en las elecciones de marzo pasado, sumergido el proceso en una crisis de resultados impredecibles por cuenta del asunto “Santrich”, ¿qué enemigo servirá de referente y de fuente de combustible político para alimentar el proyecto político del Centro Democrático (CD) después del 7 de agosto en caso de vencer en las elecciones presidenciales?

Sin duda, el cuento del castrochavismo es un buen pretexto, con millones de adeptos, aunque sólo hasta el 7 de agosto. Servirá para derrotar a Petro en el caso en que un candidato del centro, o Vargas Lleras, no consiga clasificar a segunda vuelta. ¿Y de allí en adelante?

En el 2002 el manjar estaba servido en bandeja. Todo convergía para contar con un enemigo que se ganó, con creces, la bronca de millones de colombianos. Las Farc habían mandado al diablo el proceso de paz iniciado por el gobierno Pastrana tres años atrás con el secuestro del avión de Aires en febrero, con el senador Gechem Turbay a bordo. Los miles de secuestros, la inseguridad rampante, el puñado de congresistas en manos de la guerrilla y la certidumbre de que nunca le habían jugado limpio al proceso fueron factores que permitieron el ascenso vertiginoso del fenómeno Uribe.

La lucha contra las Farc fue real y exitosa, en la medida en que, sin derrotarlas, contribuyó, claramente, al mejoramiento de la seguridad en el país.

Súmese el lenguaje que se fue perfeccionando en los Estados Unidos como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre en contra del terrorismo, anillo al dedo en Colombia. Sólo que acá fue aplicado, además, como rótulo a quienes, con el paso de los años, eran críticos del gobierno Uribe, especialmente después de la reelección del 2006. “No estaban recogiendo café”, la macabre frase presidencial aludiendo a los jóvenes de Soacha, asesinados como supuestos subversivos y sumados a las estadísticas de éxito contra el terrorismo, es todo un emblema del abuso de la figura del enemigo.

Hoy, dado que el argumento del fantasma del castrochavismo es una necesidad coyuntural, y a que es crítico, para el éxito del CD, que sea Petro, además de Duque, quien clasifique a segunda vuelta ¿cuál será el combustible a partir del 7 de agosto, sin enemigos de la envergadura de las Farc?

Algunas pistas no pintan bien. Política antidrogas idéntica a la de hace 20 años, sumado al regreso del trato punitivo de la dosis personal. Eliminación de cortes, entre otras promesas. Discursos demagógicos de reducción de impuestos a empresarios. Según el poder detrás, vendrá la revancha contra periodistas críticos. Lucha, en fin, contra lo que se puede denominar la filosofía liberal.

Para el CD, por eso, el verdadero enemigo electoral no es Petro, sino la posibilidad de que Sergio Fajardo clasifique a segunda vuelta.

Buscar columnista