Por: Cristo García Tapia

¿Cuál posconflicto?

Calculada y con toque de picardía resulta la maña con la cual nos salen ahora publicistas y Gobierno: montar un entramado para hacernos creer a los colombianos que el calamitoso y largo conflicto armado que libra el Estado con las FARC –EP, y otras guerrillas, ya es suceso finiquitado.

Y es que nada diferente de fin, de acuerdo, de negociación, de finiquito del conflicto, viene a significar posconflicto. Y sobre esta categoría, se ha diseñado toda una estrategia publicitaria para meternos a los colombianos la idea de que la horrible noche de la guerra ya es historia consumada.

¡Que más quisiéramos!

Pero la realidad es otra. Y muy distinta de la que, entre bastidores y premeditadas confusiones semánticas, se encarna y simboliza en una estrategia publicitaria debidamente diseñada para el fin de hacer ver lo que no es.

Pero que sí es: un conflicto que marca el cenit de sus ejecutorias en  la confrontación militar con los ejércitos guerrilleros sublevados y la retorica  desafiante desde los despachos civiles de la guerra. Y, para confirmar su vigencia e intensidad, desde los periódicos los amigos ventrílocuos del Presidente proponiéndole “patear el tablero” de la Paz.

Apenas “modestamente” conversado en La Habana, el conflicto sigue ahí. Duro y parejo. 

Y apagarlo de un soplo  para dar paso al eufónico posconflicto que ya se lleva y trae por todos los ámbitos y jurisdicciones, incluida la ONU, como el hecho cumplido del fin de la guerra, mas parece cosa de ficción y de falsos silogismos.  

Si es que todo este barullo no viene a ser una variante de “falso positivo”.

El suceso es de tiempos y demanda tiempo. Nada de andar pensando con el deseo de los intereses inmediatos y particulares, políticos o electorales, de quienes representan a las partes en unas conversaciones que bien pueden ser el principio del fin. O, la agudización e indefinición del conflicto.

Ambos escenarios son posibles y en ello hay que observar que conflicto y posconflicto no se circunscriben exclusivamente al ámbito político y militar entre los involucrados en él y a su definición en una negociación extraterritorial.

Hay interferencias en esa travesía que resultan de cuidado y que es preciso eliminar para avanzar seguros en la dirección de acuerdos que den con el fin de la balacera de medio siglo entre contendientes invencibles. 

 

El principal, el de la seguridad jurídica, política, personal, laboral, de quienes se reintegren, desmovilicen o sean amnistiados, dependiendo de cuanto al respecto se acuerde, refrende, constituya, o decrete el Estado.

Un inamovible cuyo desmonte previo, al igual que el de las “bacrim”  a la caza de territorios, vidas, personas, bienes y haciendas, es preciso garantizarle a los bandos beligerantes en la confrontación política y armada que se negocia en La Habana.

Que apenas va por los cristos. Y cada vez tiene más acechanzas “procurando” contra ella. Y menos disposición “gobernando” en su provecho.

*Poeta

@CristoGarciaTap

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