Por: Manuel Drezner

¿Cuál público quiere la Sinfónica?

La Orquesta Sinfónica de Colombia el pasado sábado en Colsubsidio anunció un programa muy interesante de música sinfónica.

Éste incluía el estreno mundial de una obra de un compositor colombiano, una sinfonía de Shostakovich y el concierto para violín de Samuel Barber. Nadie puede decir que es un programa que hace concesiones y esa combinación de una obra colombiana, que tanto se echaba de menos en los conciertos sinfónicos de los últimos años, más dos composiciones interesantes y que no forman parte del repertorio habitual ni mucho menos, es algo laudable. Definitivamente para muchos la justificación de salir de una casa cómoda y afrontar el tráfico bogotano para ir a un concierto es un programa de este tipo, con música que no se oye todos los días.

Hasta aquí todo está bien, pero entonces uno mira la programación futura de lo que pomposamente llaman “festival de música sinfónica” y se encuentra con que el concierto siguiente es dedicado a lo que bautizan tangos de la vieja guardia y en el concierto siguiente vienen canciones populares de Andrés Cepeda para terminar el “festival” con música para cine, en que destacan con orgullo que incluirán La guerra de las galaxias. No se me interprete mal: Cepeda es un cantante que dentro de lo suyo se ha destacado y es de gran mérito, y los tangos de la vieja guardia (que incluyen “melodías de Carlos Gardel”) son agradables y confieso que me gustan mucho. Pero la pregunta que uno se hace es si no se están equivocando en la orientación de la Sinfónica con esa mescolanza absurda de géneros, y si por atraer un público nuevo (que es usualmente la excusa para hacer este tipo de programaciones) se están rebajando y se ponen a competir con lo que de todas formas se oye continuamente en otros escenarios. Lo que se quiere decir es que a Cepeda y a la Guerra de las galaxias, por no decir nada de Gardel, lo pueden escuchar con facilidad quienes estén interesados y no es necesaria la estructura de toda una orquesta sinfónica para presentar este tipo de repertorio. No creo francamente que quien vaya a un concierto sinfónico con tangos de la vieja guardia se aficionará lo suficiente como para volver a un concierto de Barber.

Todo esto lo que quiere decir es que la Sinfónica está cayendo en el mismo criterio populista de tantos que escribieron sobre el “genio” de Michael Jackson (quien probablemente en unos años ya habrá sido olvidado) y lamentaron su muerte como si un Beethoven hubiera desaparecido. Esto, lamentablemente, es rebajar a la orquesta y a la música y apuesto lo que sea que no lograrán el presunto objetivo de atraer nuevo público.

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