Por: Mario Fernando Prado

¿Cuál voluntad de paz?

La escalada terrorista en casi todo el territorio nacional es una prueba fehaciente de que las Farc están muy lejos de querer una paz concertada.

No hay derecho a que tengan a Buenaventura sin energía y a buena parte de su casi medio millón de habitantes sin agua , ni a que hayan volado redes del transporte de crudo, ni que hayan matado a una niña de dos años con un miserable tatuco en Miranda, ni que hayan incomunicado el sur del país con una bomba cerca del río Ovejas, en el atribulado departamento del Cauca. Y eso que faltan datos de los otros municipios, porque lo que es en Bogotá, los petardos estallaron a escasos cinco minutos del Palacio de Nariño.

¿A esto es a lo que llaman los defensores de la narcoguerrilla voluntad de paz? ¿Así es como pretenden firmar un acuerdo que acabe con medio siglo de confrontación?

Parece que por fin el presidente está entendiendo que eso de negociar en medio del conflicto ha sido un garrafal error porque los farcos —que no el Eln, que es otro paseo— se creen con derecho de reivindicar la muerte de sus cabecillas y demás golpes que les da el Ejército, atentando contra la población civil, contra el medio ambiente, contra la infraestructura, contra las vías del país y contra ciudades que como Buenaventura siguen sumidas en las tinieblas, el terror y el desespero.

Y la iglesia católica, ¡por Dios!, visitando La Habana y comiéndose el cuento de las buenas intenciones de unos negociadores que en medio de la gran vida tienen enredada y engatusada a la ingenua delegación colombiana diciendo unas cosas y haciendo otras.

De poco o nada van a servir las amenazas presidenciales de levantarse de la mesa de negociación. La narcoguerrilla sabe que tiene la sartén por el mango y el mango también y hay que comerse y comerse y comerse los sapos de la ignominia para no quedar mal con unos electores a los que se les prometió una paz a como dé lugar.

¿Y es que con unas declaraciones como las de alias Timochenko, que en el colmo del cinismo manifestó que “no nos arrepentimos ni siquiera por un instante de lo hecho”, qué mas podemos esperar?.

 

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