Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

Cualifiquemos el debate electoral

Para los demócratas, la política, como arte y ciencia,

es la más bella de las vocaciones, cuando se ejerce éticamente.

A manera de aporte encaminado a desarrollar nuestra democracia, cualificar el debate electoral y el fortalecimiento del actual proceso de paz, me es grato poner a consideración del lector un conjunto de reflexiones que recogen parte de mi pensamiento sobre el tema.

i. Cristalizar el proceso de paz. Conocemos que en el mundo contemporáneo la variable internacional es decisiva en el avance o la contención de estos procesos. Ahora bien, nunca como antes, en la historia de Colombia, se había dado un respaldo tan cualificado por parte de las instituciones, los gobiernos de diversos continentes y los latinoamericanos, a la problemática de la construcción de la paz en nuestro país. Esta situación hay que conocerla, difundirla y medir sus implicaciones, para comprender cuán útil es para nuestro país que se haya configurado el apoyo cualificado que hoy tenemos para avanzar creativa y responsablemente.

Pero no basta el apoyo internacional. Según Alfredo Molano, las causas reales explicativas de nuestras sucesivas y diversas violencias, se pueden precisar a partir de 1930. Por tanto, sería ingenuo pensar que solo en dos o tres gobiernos, vamos a implementar apropiadamente los Acuerdos. Esta es una labor prioritaria y extensa que fácilmente llevará tres decenios si planeamos, implementamos y evaluamos seriamente, políticas de Estado que respondan a los problemas histórico-estructurales que tenemos pendientes de enfrentar.

ii. Reorganizar y consolidar la dimensión científico-tecnológica. Esto implica, retomar lo que Rafael Rivas Posada y otros, formularon hace decenios: “Los avances en el campo científico-tecnológico, serán los que en definitiva fijarán el puesto que ocuparán en el futuro inmediato las distintas sociedades que integran la comunidad internacional”. Cuando fue fundada Colciencias, el presidente Carlos Lleras buscó crear una institución para impulsar esta dimensión sustantiva para Colombia. Sin embargo, no se han formulado, implementado y evaluado políticas públicas continuas, dirigidas a fortalecer nuestro desarrollo científico-tecnológico. Se han dado muchos bandazos y aún se ha llegado a politiquear con una Institución tan importante para nuestro presente y porvenir. Complementariamente, si la variable científico-tecnológica, no se fortalece sólidamente, desde los primeros años de nuestro sistema educativo hasta los posdoctorados, se seguirá cometiendo un error con graves implicaciones para nuestro desarrollo sostenible.

Quienes tenemos responsabilidades académicas, científicas y tecnológicas, estamos invitados a promover los avances que en estas instancias se produzcan en cualquier latitud y debemos difundir el espíritu y la conciencia científica en una juventud sedienta de saber, de consagración y de apertura al cuestionamiento permanente de lo inacabado.

iii. Replantear la política como arte y ciencia. Los grados de deterioro de la política como arte, en nuestro país, tienen graves significaciones. Los partidos políticos no están actualizados; no son modernos; son partidos electoreros, “empresas electorales” que en muchas regiones se han convertido en fuente de enriquecimiento económico de determinadas familias y grupos minoritarios de la población. El porcentaje de esas “empresas” vinculadas frecuentemente, con el paramilitarismo y el saqueo específico de los recursos de salud y educación, es altísimo y se constituye en un verdadero peligro para la institucionalidad de la democracia colombiana, según los preceptos orientadores de la Constitución del 91. Recordemos dos ejemplos latinoamericanos: fue la corrupción de los partidos políticos tradicionales en Perú y en Venezuela, los que propiciaron el surgimiento de tiranos estilo Fujimori y Chávez, cuyos efectos han sido muy graves para el proceso de sus democracias.

En relación con la política como ciencia, sabemos que su desarrollo sistemático comenzó a cristalizarse entre nosotros, a partir del decenio de los sesentas, inicialmente en la Escuela Superior de Administración Pública, que se complementó con la fundación posterior de la Escuela de Alto Gobierno. Ulteriormente, se presentaron las fundaciones de facultades y/o departamentos en las universidades de: Los Andes, Javeriana, Externado, Nacional, Rosario, de Antioquia, del Valle, Icesi, la Autónoma de Bucaramanga, la del Norte de Barranquilla y la Santo Tomás… Tenemos líneas de investigación significativas, especialmente en lo relacionado con el estudio de los procesos electorales, la problemática de la paz y la solución de conflictos, la estructura del Estado, los grupos de presión, los movimientos sociales, la organización y desarrollo de los partidos políticos, la problemática de la gobernabilidad y la Oficina del Presidente…

Ahora bien, después de su paulatina institucionalización, durante cinco decenios, no habrá llegado el momento que las autoridades académicas se pregunten: ¿Cómo estamos formando a nuestros egresados, que el volumen de líderes políticos democráticos y estadistas existentes, no se compadece con las necesidades de nuestra democracia? ¿No será pertinente revisar los currículos y los planes de estudio para que los egresados sean los políticos demócratas -de nuevo tipo- que está necesitando “a gritos” la democracia colombiana? ¿Cuáles deben ser las líneas de investigación en las facultades de pregrado y en las maestrías de Ciencia Política; Gobierno, Relaciones y Finanzas Internacionales…, para que tengamos los científicos, analistas, líderes políticos democráticos y estadistas, que necesita la democracia colombiana?

iv. Reorganizar teórica y prácticamente la Misión y la Visión de la Escuela Superior de Administración Pública y la Escuela de Alto Gobierno. No olvidemos que, gracias a 40 años de aportes del Estado colombiano y de un grupo serio de profesores, educandos, egresados, investigadores, personal administrativo y algunas asesorías de gobiernos europeos, norteamericanos y latinoamericanos (Brasil, Méjico), logramos plasmar en la ESAP y así fue reconocido, en el Evento organizado por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) en septiembre de 1998, que nuestra Escuela era una de las más importantes iberoamericanas. Pues bien, sucesivos gobiernos por ignorancia, irresponsabilidad y prácticas politiqueras, han desvirtuado el papel sustantivo para el que fueron creadas la ESAP y la EAG. No es al azar  que en el intervalo 1999-2017, se haya presentado la coincidencia entre el crecimiento de la corrupción político-administrativa y el debilitamiento y desinstitucionalización de estas dos entidades fundamentales para nuestra democracia.

Para un demócrata contemporáneo es claro que la democracia participativa no es posible construirse sin burócratas y tecnócratas altamente capacitados. La ESAP y la Escuela de Alto Gobierno fueron creadas para tal fin. ¿No habrá llegado el momento de constituir -con el apoyo de Naciones Unidas- una Misión para la Reforma de la Administración Pública en Colombia?

v. Revisar el papel de los medios de comunicación en la consolidación de nuestra vocación democrática. Ignorar el papel decisivo que los medios de comunicación desempeñan en el fortalecimiento contemporáneo de nuestra democracia, es un error craso. A ellos corresponde contribuir eficazmente a la creación de un ambiente societal y un espíritu de controversia civilizada que faciliten el discernimiento y la reflexión adecuados por parte de los ciudadanos que debemos poseer una conciencia política bien informada y sin odios. Ignorar la gravedad de la actual coyuntura de nuestra democracia es precipitarnos a un gobierno de corte neopopulista y/o neofascista, en el corto plazo. La responsabilidad de los medios es crucial para impedir que esta situación se produzca.

vi. Fortalecer la confianza en nosotros mismos. La revisión histórica de los procesos de dominación y explotación de nuestros recursos, ha contribuido seriamente a que amplios sectores de nuestra población pierda la confianza y el aprecio en sí mismos y en su destino. Ante ello, es necesario emprender un proceso de enseñanza-aprendizaje y de apropiación de nuestros valores –de tal manera-  que se propicie el conocimiento y amor por lo propio –sin chauvinismo- y utilizando las posibilidades reales de afirmarse como seres autónomos y libres. Necesitamos conocernos más y darnos cuenta de la riqueza de la diversidad de nuestras regiones. Estamos invitados a propiciar un cambio de mentalidad de cara al progreso de la Nación y del mundo, que nos permita: tener respeto por la democracia participativa; contribuir a la construcción de la paz; impulsar la institucionalización del desarrollo sostenible; profundizar en el conocimiento de nuestra diversidad étnica y cultural; practicar la eticidad en el ejercicio de nuestra ciudadanía; recobrar el amor al trabajo; cultivar cuidadosamente el ejercicio de nuestra imaginación y capacidad científica; ejercer la lealtad; retomar lo mejor de nuestros valores familiares; y disfrutar la diversidad de nuestra riqueza musical.

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