Por: Luis E. Giusti L.

¿Cuándo acabará el petróleo?

En lo que resta del siglo XXI está garantizada la producción comercial de hidrocarburos con 3,8 billones métricos de barriles en reservas.

El distinguido Profesor de la Universidad de Manitoba, Vaclav Smil, responde a esa pregunta: “Si la pregunta se toma literalmente y basada puramente en términos de su presencia física, el petróleo durará tanto como dure el planeta tierra. Hasta las mejores técnicas concebibles de recuperación suplementaria serán incapaces de extraer todo el petróleo de un yacimiento y una fracción sustancial del petróleo originalmente contenido en la corteza terrestre jamás llegará a la superficie.

Si la pregunta se refiere a cuánto tiempo se tendrá producción comercial de petróleo, la respuesta también es fácil: sin duda tendremos petróleo comercial durante todo el Siglo XXI. La inmensa cuantía de las reservas -3,8 billones métricos de barriles entre probadas y semi probadas, además de inmensas cantidades de petróleo por descubrir-, así lo garantizan.

Pero las frecuentes respuestas a las preguntas de por cuánto tiempo permanecerá el petróleo como la fuente más importante de energía primaria y cuándo llegará a un pico la extracción global de petróleo, tienden a generar confusión, porque dependen de magnitudes desconocidas y tendencias de múltiples variables, y cualesquiera nuevas predicciones de pico de producción, se sumarán a la larga lista de fallidas predicciones similares.

Muchos, cargados de números y buenas intenciones, pregonan sonoramente el final de la era del petróleo. Otros más radicales predicen grandes catástrofes, anunciando que ya pasamos el pico de producción y que “se acabó la fiesta”, llegando hasta increíbles extremos, como en el caso de Richard C. Duncan con su “Teoría Olduvai”, cuyo postulado dice que la acelerada declinación de la producción petrolera lanzará a la humanidad en retroceso hacia una vida primitiva comparable a la de hace 2.500 años, culminando después de una catástrofe Malthusiana, en una población mundial de 2.000 millones en el año 2050.

En su trabajo Duncan afirma que el pico es “un punto de inflexión en la historia de la humanidad” que conducirá a un final catastrófico de la civilización industrial. Aunque menos extremistas, todos los principales proponentes de la teoría del pico (Colin Campbell, Jean La Herrere, L.F. Ivanhoe y Kenneth Deffeyes) recurren a argumentos alarmistas. Sus escritos y discursos mezclan hechos indiscutibles y argumentos sensatos, con suposiciones indefendibles y caricaturas de complejos procesos, ignorando aquellas realidades que no se ajusten a sus preconcepciones.

Sus conclusiones se basan en interpretaciones simplistas del recobro final de petróleo. Pero para descalificar su fatalismo, basta observar el aumento sistemático de los cálculos de ese recobro, con base en modernas interpretaciones geológicas, nuevas técnicas de exploración, tecnologías de recuperación mejorada y capacidad para perforar más profundo y más desviado. Por último, ignoran el impacto de los altos precios petroleros y las retrospectivas históricas, además de presuponer el final del ingenio humano.

Citando al distinguido economista Morris Adelman, “para conocer las reservas finales tendríamos que tener el conocimiento final. Nadie lo tiene y nadie debe pretender que lo tiene. Necesitaríamos poder predecir con precisión el futuro de la ciencia y la tecnología”. Pero lo más importante es que al contemplar un mundo con menos o poco petróleo, una declinación gradual no tiene por que traducirse en catástrofes económicas o sociales. Aún si aceptáramos que estamos en el pico, con base en la teoría de Hubbert todavía quedaría por consumir la mitad del petróleo. En ese caso, la declinación se acercaría a una curva normal, indicando que tendríamos por delante más de un siglo de producción petrolera.

El cuestionamiento del “Peak Oil” no implica negar la posibilidad de que el mundo pueda experimentar escasez temporal de petróleo. Aunque el mundo nunca se quedará sin recursos energéticos, se pueden presentar períodos de escasez. Siendo la gente libre para tomar decisiones económicas, la manera en que utilizará recursos naturales y energía dependerá de las capacidades de recursos humanos (conocimiento y labor), la tecnología y el capital.

En conclusión, no se trata de que “el mundo se esté quedando sin petróleo”. El asunto se refiere a las decisiones económicas que vaya tomando la gente acerca de la clase de energía a producir, basadas en una mezcla de conocimiento, tecnología, capital y recursos naturales disponibles.

 

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