Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

Cuando el honor militar se mancilla

No existe peor desmoralización para un estamento militar que ver a su comandante acusado de actos de corrupción. Comandante que se encuentre cobijado por estos hechos debe ser separado del cargo, mientras aclara su situación. No hacerlo es poner la línea de mando en desprestigio y las órdenes que se imparten no son cumplidas con rigurosidad.

También con estos casos empiezan a cundir la indisciplina y el mal ejemplo, por hechos que día a día deterioran más el prestigio de nuestras Fuerzas Militares. Prueba de ello es que en la semana que termina se han registrado nuevos episodios de corrupción en la Cuarta Brigada de Medellín, donde se encuentran involucrados soldados, suboficiales, hasta oficiales de alta graduación.

Desde luego, hay que advertir que aunque algunos mandos superiores están seriamente cuestionados, no podemos referirnos a las Fuerzas Militares en general, que para la mayoría de los colombianos continúan siendo la máxima expresión de seguridad democrática en defensa y honra de los ciudadanos de bien.

Es indudable que cuando ocurren señalamientos en los mandos superiores la línea de mando se ve resquebrajada y se pierde claridad entre lo que se ordena y lo que se cumple, puesto que la desconfianza frente a un superior mancillado no es prenda de garantía para el cumplimiento del deber.

En estos últimos días, cuando se sostiene un debate público por los hechos mencionados, buena parte la opinión nacional se manifiesta preocupada y esto es caldo de cultivo para que grupos armados al margen de la ley aprovechen para pescar en río revuelto.

El honor es el máximo galardón y tesoro que debe acompañar a todo militar —comandante de armas— y, por menor que sea su rango, debe portarlo con orgullo y autoridad moral frente a su tropa.

No existe mayor descrédito para una tropa que ver a su comandante cuestionado por actos de corrupción en el ejercicio de su cargo; cuando un caso de estos sucede, cunde la desmoralización y de ahí la indisciplina y el caos en general.

Con respecto a los falsos positivos, muchas veces propiciados por mandos superiores, hay que decir que son muchos los soldados y suboficiales que actualmente se encuentran respondiendo ante la justicia, porque simple y llanamente actuaron sobre estos macabros hechos sin pleno conocimiento de causa pero en cumplimiento de una orden superior.

Es apenas lógico que todos los casos producto de falsos positivos propiciados por un mando superior donde se encuentran militares de menor grado comprometidos deberían ser revisados a la luz de los nuevos acontecimientos que se están presentando.

Son varios los soldados profesionales, regulares o suboficiales que recibieron una orden superior para adelantar un operativo militar que al final de cuentas resultó un falso positivo planeado desde los altos mandos.

Todo lo anterior, teniendo en cuenta el principio de que “las órdenes militares se cumplen, nunca se discuten; es decir, los subalternos las deben obedecer bajo la responsabilidad del mando superior”.

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