Por: Cartas de los lectores

Cuando el 'Joe' falleció

"Humildemente, creo que soy la voz más importante de la música tropical colombiana de los últimos 40 años".

Palabras del cartagenero Álvaro José Arroyo González, el ‘Joe’, quien partió a los 55 años en su adoptiva ciudad Barranquilla. Creador del ritmo joesón y de innumerables éxitos, como Rebelión, Manyoma, Tania, Los charcos, En Barranquilla me quedo, etc. De la mano de Julio Ernesto Estrada, ‘Fruko’, se convirtió en lo que siempre será un hito en la música colombiana, un caribeño universal y un músico de quilates. No sólo el Carnaval de Barranquilla está de luto, también el país y demás fronteras a donde llegó para quedarse la música y el talento de este costeño universal. Se nos fue otro grande, quien ahora está en regocijo con su hija Tania en la eternidad, donde no le pegan a la negra, y donde Dios no es negro, blanco, mestizo, zambo ni extranjero. Gracias, Joe, los artistas no mueren: trascienden con las luz de las estrellas.

Helena Manrique. Bogotá.

¡Abajo las armas!

A propósito del debate sobre legalización de armas de fuego en poder de particulares, cuyo autor es el representante a la Cámara Augusto Posada, del Partido de la U, vale la pena repasar varios casos de las masacres de los últimos días. El ultraderechista Anders Behring Breivik, asesino de 93 personas en Oslo, según se ha conocido, obtuvo licencia para comprar legalmente un fusil semiautomático y una pistola. En Texas, donde la compra y el porte de armas son legales, un sujeto disparó y asesinó a seis personas, en desarrollo de una fiesta infantil. Entre nosotros, fueron víctimas de armas de fuego con o sin licencia, en el último fin de semana: en Cali una menor de 13 años baleada por dos pandillas que se enfrentaban a tiros, un joven de 17 años que recibió dos disparos en la cabeza, un hombre de 27 años y uno más de 55. La mayor parte de los muertos entre viernes, sábado y domingo, encadenan la combinación de las armas con el alcohol.

Según voceros de la OEA, la violencia que “campea” en las Américas fue causante de más de 130 mil asesinatos. Buena cantidad de esos homicidios no son cometidos por verdaderos criminales, ni siquiera por violentos, sino por “víctimas” de un ataque de ira que, momentáneamente, pierden la razón y para su desgracia y la del occiso portaban un arma. Cualquier campaña que se haga para preservar la vida humana, debiera estar precedida no sólo del desarme de los espíritus, sino también el de las personas.

Jorge Arbeláez. Bogotá.

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