Por: Catalina Uribe

Cuando el otro se pierde de vista

Hace unos días la revista The Atlantic publicó un artículo que habla de la naturalidad con la que nos acostumbramos a ignorar mensajes de texto y correos electrónicos. El artículo reflexiona sobre cómo es cada vez más común que vivamos entre monólogos pese a que la definición básica de una conversación supone algún tipo de respuesta del receptor. Hoy en día es facilísimo comunicarnos, y entre emoticones y mensajes de voz, cada vez esa comunicación se asemeja más a la comunicación cara a cara. Con una diferencia: el tiempo de respuesta se alarga, a veces indefinidamente.

Es sin duda paradójico que entre más instantáneo se hace el envío de mensajes, más lenta se hace la comunicación. A veces, incluso, se vuelve incierta. No sabemos cuánto se demorará la otra persona en responder a nuestro mensaje, si es que lo hace, ni tampoco sabemos cuánto nos demoraremos nosotros. Revisamos el celular en promedio unas 40 o 50 veces en el día sólo para ver mensajes pendientes al lado de los íconos. Es más, pareciera haberse construido un entendimiento tácito de que no es necesario responder inmediatamente o en absoluto a los mensajes que nos llegan.

Hasta ahora, la mayoría de críticas al mundo digital tienen que ver con quien envía el mensaje. Nos indignamos con los políticos o los trolls que se vuelven agresivos y atacan violentamente por las redes sociales. Criticamos a los emisores que, al no tener una persona en frente, se envalentonan y en medio de la anonimidad virtual se sienten con el derecho de insultar sin más a otros. Pero, al concentrarnos en el emisor, hemos olvidado que hay otra parte que está fallando y son los receptores. Estamos dejando de tomarnos en serio a ese otro que nos envió un mensaje.

Por algún motivo asumimos que lo virtual no requiere, como mínimo, de acuso de recibido. Es ya normal enviar algo por correo electrónico y no recibir ni un “listo”, “gracias”, o “perfecto”. ¿Cuáles son ahora las reglas? Si alguien nos entrega un café, decimos “gracias” o deseamos un buen día o sonreímos. ¿Debemos contestar siempre algo cuando alguien nos envía un archivo? El mundo virtual tiene sin duda otras reglas, pero no se nos van a caer los dedos por tipear un par de letras más.

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