En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

hace 47 mins
Por: Hugo Sabogal

Cuando el placer es para otros

Juanita, la hija del muy extrañado Fernando España, quien fuera gran maestro de vinos y destilados, se apresta este año para impulsar la segunda subasta de vinos añejos realizada en Colombia, el próximo jueves. Es un evento único en nuestro territorio. Y en el resto del mundo, si damos crédito a que más del 95 por ciento de los vinos vendidos se destina a consumo inmediato. Botella comprada, botella abierta, botella consumida.Por tanto, aquellos que por décadas guardan vinos en sus cavas constituyen una excepción. A algunos los anima la idea de invertir con el propósito de guardarlos por un tiempo, a la espera de que su escasez provoque un aumento de precios y una jugosa ganancia. Para ellos existe, desde 1999, la London International Vintners Exchange (Liv-ex), una bolsa de valores especializada donde comerciantes e inversionistas pactan sus grandes negocios. Otros coleccionan botellas para disfrutarlas paulatinamente, impulsados por la noción de que el tiempo mejora el contenido y lo hace más complejo. Y no pocos lo hacen para impresionarse a sí mismos y a los demás. Muchas veces, sin embargo, a estos coleccionistas se les pasa la vida sin lograr beberse todo lo acumulado, corriendo el riesgo de que esas preciadas joyas terminen en manos ajenas. Para los buscadores de vinos exclusivos, la adrenalina está en descubrir perlas ocultas, que no estén al alcance del resto de los mortales.

Las subastas son un camino. Casas como Sotheby’s y Christie’s consiguen vender colecciones o botellas únicas a personas dispuestas a ir tan lejos como sea necesario para alcanzar su fantasía.

En Colombia, las pujas son relativamente nuevas y se circunscriben a un círculo muy cerrado, compuesto por aficionados que le siguen el pulso al mercado de vinos finos y acumulan miles de botellas tasadas en altos precios. Funcionan, sin hacer demasiada bulla, en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla.

En la capital, el terreno de las subastas lo ocupa la firma Bogotá Auctions, cuya primera salida en público se realizó en 2016, con resultados inesperadamente positivos, pues logró vender el 98 % de los lotes registrados. Nadie se lo hubiera imaginado.

Aunque encontrar botellas o colecciones dignas de ser subastadas es tarea de hormigas, resulta mucho más difícil y dispendioso corroborar su autenticidad. Además, cada botella debe regirse por el triple principio de garantizar calidad, escasez y prestigio global.

Al darle una mirada al catálogo previsto para 2017, es fácil deducir que, contrario a lo que muchos piensan, los coleccionistas nacionales han tenido claro qué vale la pena guardar. Por ejemplo, reconocidas y admiradas etiquetas de Burdeos y Borgoña, en Francia; Rioja y Ribera del Duero, en España, y Barolo, en Italia. Algunos Riesling alemanes también son piezas codiciadas.

En todos estos casos se trata de vinos en los que se conjugan elementos como clima, suelo y métodos de elaboración, garantes de una larga vida.

Hay, por ejemplo, un Château Lafite Rothschild 1986, de Burdeos; un Vosne Romanée Latour 1978, de Borgoña; un Vega Sicilia Único 1989, de Ribera del Duero, y una caja sellada e importada directamente por Ernesto Puyana a Colombia, con vinos de Bouchard Père et Fils Volnay 1er Cru Caillerets Ancienne Cuvée Carnot 1953, de Borgoña.

Sin duda, joyitas para los cazadores de rarezas.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hugo Sabogal

Delicias amargas

El gusto por Croacia

Los vinos que vienen

Lo bueno de la adversidad

Italia esencial