Por: Mario Méndez

Cuando habla el educador Julián de Zubiría

El director del Instituto Alberto Merani le ha escrito una carta abierta a la ministra de Educación designada por el nuevo presidente. Por los términos del documento, De Zubiría conoce bien a quien ocupará la cartera llamada a conseguir que los muchachos aprendan a pensar y no sólo a “copiar y pegar”. Aunque, por la naturaleza de las propuestas sobre la materia planteadas por Iván Duque, salpicadas de ideas discutibles y expresadas a la ligera en su campaña, es dudoso que una de las reformas anunciadas apunte a lo que el país necesita en educación, pensando, como debiera ser, en los niveles alcanzados por los países más avanzados.

Julián de Zubiría ha estado cerca de las ejecutorias de María Victoria Angulo. Con ese fundamento, alienta a la funcionaria para que no se convierta en una pieza más en las hasta ahora pobres tareas de la instancia rectora de la educación en Colombia. Quizás el profesor se abstrae de una contundente realidad: la novel ministra deberá desarrollar los programas que respondan a la corriente de pensamiento que llevó a Duque Márquez a la Presidencia, no coincidentes en rigor con los que seguro aquella acaricia en el fondo de su corazón. Leyendo la carta del maestro Julián, nos preguntamos si sus expectativas personales frente a la ministra pudieran ser complementarias con la teoría de la “economía naranja”, que Duque ha trabajado en compañía del experto Felipe Buitrago.

Independientemente de la convergencia de la educación y las elucubraciones anaranjadas del nuevo presidente, que se nos antoja correlacionar, es posible que esa articulación, como eficiente motor de desarrollo del emprendimiento, necesite un cambio drástico en nuestra praxis pedagógica. Porque, así se tratara de una mirada hacia el desarrollo económico, sin pensar mucho en el desarrollo social —que pudiera resultar más importante por su mayor calado—, la educación nunca dejará de ser un factor de progreso en cualquier latitud.

En todo caso, dejan gran inquietud las preocupaciones del profesor Julián de Zubiría a la luz de lo que Duque y Buitrago contemplan para una dinamización de la economía y un despegue del país como totalidad. Y no olvidemos que, así la naranja fuera de verdad útil en nuestro devenir, siempre estarán ahí los dictámenes de quienes lideran el grupo que respalda a Duque, o lo “conduce” desde el Legislativo, no propiamente un paradigma de modernidad.

Como nunca antes, lo que ocurra en el país a partir del 7 de agosto nos quita buena parte del sueño, ¡sin que por fortuna afecte nuestros sueños! Hay circunstancias preocupantes en medio de tantas precariedades que padecen los sectores marginales de la sociedad, que paradójicamente votaron por Duque y que ineludiblemente tienen que ver con nuestra propia satisfacción si nos guiamos por sentimientos de solidaridad.

Tris más. El código de los fariseos encuentra más grave el destape de Mockus que tanta podredumbre como la que se teje en el mismo escenario del cuadro nalgatorio.

* Sociólogo, Universidad Nacional.

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