Por: Enrique Aparicio

Cuando las cosas se hacen por amor

Fue un desayuno especial con mi amante: un despertar amable después de una noche de viernes también amable. “Necesito proteína”, me dijo como algo normal.  No musité palabra pensando que cada quien tiene derecho a lo que se le dé la gana en un sábado de desayuno amable, obvio.

La siguiente frase me tomó por sorpresa. “Me acaban de llegar unos gusanos de una tienda de productos mexicanos.  Son una delicia.  Espero compartirlos contigo”.   

La hipocresía bogotana empezó a arrastrar mi respuesta. “Nooo, por favor.  Son todos para ti. Me encantan pero prefiero que tú seas quien los disfrute”, dije poniendo cara de una generosidad chueca. Y me acordé de la frase: “El hombre es el único animal que aprende siendo hipócrita”.

“Te voy a hacer una quesadilla”. En términos simples, que me perdonen los mexicanos, es sólo una tortilla a la que se le pone encima una tajada de  queso que se derrite y listo.

Aquí la situación iba tornándose más complicada cada segundo. 

“Le pondré unos gusanos.  Saben a chicharroncito”, me explicó mi compañera.

“Bueno, ponle uno”.

“No, cómo se te ocurre.  Por lo menos diez para que degustes este placer culinario de nosotros los mexicanos”.

Me imaginé, como algún escrito de Edgar Allan Poe, un poco de gusanos reptando dentro de mi organismo. Casi casi quise alegar que se estaba aprovechando de lo bueno que era yo, pero según la sabiduría de Moctezuma uno no puede buscarle bronca a una mexicana en un sábado por la mañana, así que mansito y resignado procedí a tragar entero.  Hice cara de palo y ni se me movió una pestaña.  El YouTube muestra un video de mi propia experiencia.

Estaba reponiéndome de la visión de los gusanos, cuando oí la palabra grillo.  Ahí sí me quedé de una pieza.  Mi frase no se hizo esperar: “No me digas que también comen grillos”.

“Claro.  Vas a ver que los chapulines o grillos te van a dejar alelado”.

Pensé que ya no había más remedio. Lo único que se me ocurrió fue una frase de quien no sabe qué está diciendo:

“Los prefiero término medio, no muy asados, por favor.

Lo cierto es que entre gusanos de maguey, que crecen en las hojas, pencas y raíces  del maguey, y los grillos, que crecen en todas partes, el desayuno se fue desarrollando sin más sorpresas.  Como era la una de la tarde, decidí servir lo que llaman en mexicano “un cúralo todo” pues ésta es la fórmula mágica: un tequila reposado —es decir muy tranquilo— con tres meses de barrica de roble.

Los insectos son la nueva generación de proteína y de alimentación para la raza humana.

Siguiendo con el tema, mi novia me explicaba:

“Hay que reconocer que los insectos forman parte de nuestra alimentación tradicional desde épocas prehispánicas.  ¿Por qué no regresarlos a nuestras mesas?  

Depende de dónde se viva, los mexicanos estamos familiarizados con los escamoles, los jumiles, los gusanos de maguey, las avispas, las libélulas, las termitas, las mariposas, las hormigas saladas, las abejas, las chicatanas, las avispas o los escarabajos.  ¡Unas delicias que la naturaleza nos ofrece en forma de insectos!

Los insectos son una de las vías para asegurar la alimentación de humanos y animales.  Son nutritivos, ya que contienen niveles elevados de proteínas, grasas y minerales.  Pueden consumirse enteros o molidos, en forma de polvo o pasta, e incorporarse a otros alimentos.

¿Sabes que para 2050 se estima que en nuestro planeta vivan 9.000 millones de personas?  Hoy somos aproximadamente 7.000 millones. Eso quiere decir que dentro de 33 años el mundo tendrá que dar casa, comida y sustento a toda esa gente y no hay otra solución que incluir insectos en nuestra dieta”.

Un reto y un acierto la nueva etapa de los insectos.

El YouTube: https://youtu.be/KIAJMF0cVio

Que tenga un domingo amable.

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