Por: Saúl Pineda Hoyos

Cuando los economistas predican

Muy provocadora resultó la presentación del profesor Xavier Xala-i-Martin, asesor en jefe del Reporte de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, en el marco del evento empresarial organizado por Compensar. Tres temas de su presentación llamaron mi atención.

El conferencista puso en tela de juicio la pertinencia de que el gobierno seleccione sectores ganadores, al considerar que la innovación, como motor de la competitividad, debe ocurrir en todas las actividades productivas, razón por la cual enfatiza que no es posible anticipar dónde van a gestarse las ideas más revolucionarias.

Este planteamiento, a primera vista, iría en contravía de lo que ha venido desarrollando el Gobierno Nacional, a través del Sistema Nacional de Competitividad (SNC). Sin embargo, a mi juicio, es preciso diferenciar entre una política orientada a ofrecer bienes públicos de soporte a industrias con potencial y aquella concentrada en esquemas de subsidios y dádivas en sectores privilegiados, del tipo Agro Ingreso Seguro. Por eso creo que el profesor de Columbia, al declararse enemigo de la selección de sectores, renuncia a la priorización de actividades estratégicas en las cuales habría mayores posibilidades de éxito en procesos de innovación.

Por otro lado, el catedrático catalán citó investigaciones que revelarían la aparente desconexión existente entre investigación y desarrollo e innovación. De acuerdo con sus cifras, sólo un 8% de las innovaciones en Estados Unidos se originan en inversiones públicas y privadas en I+D. Al respecto, el analista encuentra más pertinente fortalecer espacios de encuentro entre empresas e instituciones de investigación, más allá de las instancias intermediadas por el Estado. Pero la opción extrema de Xala-i-Martin por las soluciones de mercado no le permite ver que, en gran medida, la construcción de un sólido “medio innovador” en los Estados Unidos es el resultado de cuantiosos fondos invertidos por el gobierno central en las universidades.

Menos brillante resultó su exposición sobre el papel de la educación. Su idea de impulsar el pensamiento crítico y el uso de nuevas herramientas de aprendizaje como motores de la innovación se vio desdibujada por su prédica de clara estirpe utilitaria, que acompañó con algunos ejemplos francamente desalentadores. Enseñar a los niños a invertir en la bolsa o a vender los juguetes que dejan de usar, como condición esencial del éxito profesional, significa en la práctica minimizar valores que deberían servir de cimiento fundamental a la formación de los líderes del mañana.

Director Cepec, Universidad del Rosario.

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