Por: Columna del lector

Cuándo se legisla contra el pueblo: la paradoja del violinista

Por Diego Castillo Rincón *

Hace unos días veíamos en redes sociales cómo los usuarios iban tomando partido frente a las distintas posturas relacionadas al (infortunado) comparendo que impuso un policía a un violinista en Transmilenio, en Bogotá. Unos que querían colgar (metafóricamente) al policía y a su institución por su supuesto abuso del poder; otros apoyaban la medida basándose en que un sistema de transporte masivo no es el lugar para tocar violín; e incluso los hubo quienes se ofrecieron a pagar el monto de la sanción. Lo cierto es que la situación va mucho más allá de este episodio.

El Código Nacional de Policía, que empezó a regir en enero de este año, trajo en su haber varios vicios de fondo que muchas personas señalaron, pero que los políticos de turno en el Congreso no escucharon ni mucho menos acogieron, y el tiempo les ha dado la razón a los criticones ya que la Corte Constitucional ha tumbado hasta el momento los artículos relacionados con el derecho a la protesta (la verdad es que hasta dentro de dos años las tumba, mientras tanto olvídense de protestar); además de aquellos que legitiman a los policías a hacer traslados de ciudadanos habitantes de calle incluso sin su consentimiento (por esa bobadita de la dignidad humana, la igualdad y el principio de la no discriminación), y los que todavía faltan, pues han sido varias las demandas que se han interpuesto contra el Código de Policía.

Sin embargo, poco se ha dicho sobre lo elitista que resulta el Código de Policía. Si uno lo estudia con detenimiento puede concluir que el gran jodido es el pobre, puesto que hacia él se dirige la inmensa mayoría de faltas (y por ende de sanciones). ¿Quién es el usuario que suele colarse en Transmilenio porque el pasaje es casi imposible de pagar? El pobre ¿Quiénes son aquellos que tienen que vender sus productos en el espacio público? Los pobres (en su gran mayoría); ¿Quién está obligado a tocar violín, cantar rap conciencia o declamar poesía y echar cuentos en el servicio de transporte masivo de su ciudad para poder vivir? Exacto. El pobre.

Solamente le pido al lector que haga un rápido ejercicio mental: la parábola del borracho. Si un borracho orina en vía pública se le debería aplicar la multa general tipo cuatro, es decir, $786.898 (artículo 180, inciso séptimo). Hasta aquí, podrían pensar algunas personas que todo está bien. Ahora piense que el borracho tiene en su casa una esposa y dos hijos (la familia ideal según Viviane Morales). Ahora entérese que el borracho gana el mínimo (lo que ganan la mayoría de colombianos de bajos recursos), o sea, $737.717. Así es, la multa no solamente castiga al infractor, sino que de paso le está quitando la comida de la boca a una familia completa durante un mes o, como lo llama la Corte Constitucional, el mínimo vital ¿Les parece proporcional el castigo a la falta?

La conclusión a la que llegué es que el Código de Policía es profundamente inhumano. Creado para gravar más la situación ya per se difícil de los que poco tienen. Es una consecuencia directa de la ceguera del Estado sobre la realidad del país y viola por completo el principio de proporcionalidad que en derecho significa que la sanción debe ser conforme a la gravedad de la falta. Hoy por hoy, pobres y delincuentes son en la práctica lo mismo gracias al Código de Policía. Huyen por igual de la autoridad. Solo que a los pobres los atrapan más fácil.

Sería bueno que el gobierno de turno, el siguiente y sus bancadas gobiernistas recuerden que el largo conflicto armado en Colombia ha tenido como fuente la profunda desigualdad social. Muy pocos tienen demasiado y demasiados apenas tienen. Es una paradoja que la paz, que tanto anhelamos todos, se construya sobre las desigualdades sociales que generan el conflicto. El violinista quizás pague un par de multas, después quién sabe…

* Abogado especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Consultor en Derecho Constitucional y Derechos Humanos. Investigador sociojurídico de PARCES ONG.

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