Por: Cristo García Tapia

¿Cuándo un Plan Caribe para la Costa?

Cuanto se haga por favorecer a nuestros vecinos venezolanos desplazados por la crisis política  que afronta su país, los cuales en su gran mayoría son colombianos “retornados”, es de lesa humanidad.

Por mandamiento humanitario, por solidaridad y fraternidad, se impone socorrerlos en sus necesidades básicas, favorecerlos con la atención, bienes y recursos indispensables que, en su calidad especial de víctimas de un conflicto interno, demanda su condición de tales.

Y eso, así, no admite peros ni cuestionamientos, y menos críticas porque se convoque su solución con la atención y recursos que esa particular situación urge de manera solidaria, oportuna y en tiempo real.

Pero de ahí a mediatizarlo oportunista y populistamente por algunos gobernadores, particularmente de la región Caribe, como parece estar ocurriendo con convocatorias, cumbres y declaratorias, cuya finalidad aparente es la de atender y solucionar la “crisis humanitaria” generada en sus departamentos y territorios por los venezolanos “desplazados por Maduro”, se sale del cuadrante de la solidaridad y la ayuda humanitaria.

Más aún, y la verdad sea dicha,  cuando los nombrados “desplazados por Maduro” no son tales en su mayoría, y sí colombianos que han retornado a sus regiones después de una larga estancia laboral y familiar en Venezuela, se sale, repetimos, del cuadrante en el que se aplica, política y socialmente, la solidaridad y la ayuda humanitaria según los protocolos internacionales.

Eso de “Venezuela nos toca a todos”, que vocean algunos gobernadores de la Costa, no todos, y “diferentes niveles del Gobierno”, si bien está enfundado en el ropaje del buen samaritano, tiene más de político y  de estrategia  perturbadora de las relaciones entre Colombia y Venezuela, de por sí en permanente estado de tensión y alteración, que del motivo invocado por sus promotores de último momento en departamentos de la Costa cuyos índices en materia de “salud, educación, seguridad, empleo” son más precarios que los que pretenden remediar en los “ciudadanos provenientes del vecino país”.

Ya quisiéramos los costeños que, conjuntamente con el Plan Caribe para atender a los venezolanos, se implementara uno para erradicar los 700.000 analfabetas registrados que tenemos en los departamentos de la Costa; para reducir a sus justas proporciones la pobreza creciente de la región (80 %); para controlar el crecimiento del empleo informal (84,5 %); para erradicar el hacinamiento en la vivienda de nuestros costeños (28,5 %); para desarticular los “clústeres de alta pobreza que atraviesan el territorio de Bolívar” y de otros departamentos.

Y no precisamente con las cucharadas de asistencialismo electorero y clientelismo que ahora se les ocurre a los buenos samaritanos que se le aparecieron a los “desplazados por Maduro”, sino con verdaderos planes de desarrollo y crecimiento regional que promuevan las exportaciones y sean el punto de partida de una gran industria local y no la de enclaves como los que actualmente se asientan en esta geografía.

Pero eso les queda aguas arriba a quienes, en no teniendo el suficiente peso específico para ejercer un verdadero y saneado liderazgo en su región, se van por las ramas de lo mediático y se cuelgan satisfechos de un populismo oportunista y generador de frustraciones.

Y quién sabe, y es lo más probable, de profundizar las diferencias con un vecino que, en vez de acoger como positivos los gestos de buena voluntad y solidaridad con sus nacionales en desgracia, dé en asumirlos como un desafío y una provocación no tolerable ni amigable en las relaciones entre países.

Entre tanto, ¿cuándo nuestros líderes nos proponen un Plan Caribe para la Costa?

¿Y por qué Transelca no le garantizó a Deacero y GYJ la instalación de conexión eléctrica para su planta siderúrgica en Barranquilla, y así evitar que cancelara este importante proyecto y se fuera?

* Poeta.

@CristoGarciaTap

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