¡Cuánto desamparo!

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Un mundo sin grandes líderes y en algunos casos con verdaderos payasos es lo que tenemos para enfrentar esta tercera guerra mundial y viral. Qué misterio el de esa bolita con brazos, según nos la pintan, con el poder de transformar el planeta en aldea, tal como predijeron los guionistas de Star Trek en los años 60: el mundo, una sola casa, pero no feliz, sino convertida en gigantesco hospital psiquiátrico. Y es que las cifras nos van a enloquecer. Sin explicación lógica, Italia y luego España fueron los países más golpeados de Europa. ¿Por qué? Misterio. Se dijo de todo. Que eran naciones alegres y desordenadas, con poca disciplina social. Pero luego la adusta y obediente Francia empezó a hundirse en el virus hasta alcanzarlos. Y Reino Unido, que no creyó y quiso hacer un segundo brexit sanitario, acabó en la ruina y con un Boris Johnson silencioso, después de haberse contagiado. Como si el contagio conllevara la conversión.

Se dijo que podría estar ligado a la industria, de ahí que Lombardía, el norte rico de Italia, fuera tan golpeado. ¿Y la industrializada Alemania? Los germanos lo padecen, pero con cifras normales para una enfermedad respiratoria. Luego dijimos: ¡cómo será cuando llegue a India! Yo mismo, que viví en Delhi, imaginé el apocalipsis en medio de esas ciudades superpobladas. Pero no, a pesar de que el virus llegó, no hubo ese armagedón tan temido. ¿Por qué? Misterio. También llegó a África y no pasó gran cosa. Y en cambio Estados Unidos y Brasil, los países más grandes, industrializados y ricos de América, son el nuevo foco planetario. Dicen que esto se debe a la actitud descreída, retadora y tardía del par de esperpentos que los gobiernan. Puede ser, pero no parece explicar todo el problema. Ni Perú ni Ecuador están presididos por bufones, ¡y cuánto han sufrido! México, que arrancó en el bando de los descreídos, tiene un control responsable y cifras no tan alarmantes. A Colombia, cuyo gobierno arrastraba una penosa (im)popularidad del 23 % en diciembre de 2019, la salvó el arrojo y las ideas de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, que se echó el país al hombro y le indicó la ruta al presidente, que ya camina solo y emite su programa diario, en horario triple A. Como el chavista “Aló, presidente”, pero de la pandemia y de derecha. Sin olvidar, de todos modos, que este gobierno contiene la tormenta perfecta: un ministro de Hacienda gomelo e insensible que le reporta a una banca abusadora y ávida, y una ministra del Interior penosamente por debajo del nivel, pero con el rol fundamental de recordarnos que aquí el que manda es su jefecito Uribe.

¿Cómo habría sido esto con verdaderos líderes? Imagino que en lugar de los de hoy están al mando Mitterrand, Felipe González, Helmuth Kohl, Margaret Thatcher. Carter y Gorbachov e incluso Den Xiaoping. ¿Y en América Latina? Supongo, pero es una hipótesis, que trabajarían del mismo lado y que los avances sobre la ansiada vacuna o el tratamiento serían noticias universales de júbilo y no, como ahora, una competencia de egos e intereses entre países ricos. Ay, pero no debemos olvidar que esos líderes fantoches son el perturbador espejo de las sociedades que los eligieron: individualistas y superficiales, mezquinas y violentas, perversas y groseras.

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