Por: Columnista invitado

¿Cuántos pitillos salvan a un canguro?

Por Sebastián F. Villamizar Santamaría

Los terribles incendios de estos últimos días en Australia han puesto el calentamiento global en el centro de atención, sobre todo en internet.

La respuesta que muchos hemos dado para frenar de alguna forma ese impacto climático ha sido cambiar hábitos de consumo, como dejar de usar pitillos plásticos para que no queden incrustados en tortugas. Otras personas han dejado de comer carne, sobre todo de vaca, porque su industria contribuye con un 18 % del dióxido de carbono en el mundo, según la ONU.

Pero quiero ser claro. No importa cuántos pitillos dejemos de usar o cuántas bolsas de tela carguemos, las cosas no van a cambiar por nuestras acciones individuales si las pensamos como consumidores. Creo que debemos cambiar la perspectiva de la conversación: en vez de estar debatiendo sobre cuál marca daña menos el ambiente, lo que deberíamos hacer es pedirles a nuestros representantes que lleven leyes y programas que lo protejan.

El argumento más sonado en contra de ese tipo de protecciones es que afectarían el crecimiento económico. Los páramos siguen en riesgo porque ahí puede haber minería, actividad a la que los últimos gobiernos le han metido toda la ficha. Lo mismo con la selva, donde puede haber oro y otros materiales. Ese mismo es el de la explotación sostenible, como el ecoturismo, que aunque tiene menos impactos ambientales, mantiene la lógica económica.

Por eso, nuestros representantes aprueban leyes poco amenazantes al statu quo económico, como cobrar por las bolsas plásticas en los supermercados. Eso sirve, pero es completamente insuficiente. No podemos calcular cuánto vale la vida de las especies, incluidos nosotros, en toneladas de paquetes.

Lo que sí podemos hacer es hacerle ver al Gobierno que hay dos alternativas. La primera, que es la menos taquillera, es decirle que el medio ambiente vale más que el crecimiento económico y que podemos sacrificar lo segundo para proteger el primero. De nada nos sirve acumular dinero si no tenemos planeta, pero esa no es la discusión en la que estamos.

La segunda alternativa es pedirle que haga controles más estrictos a las empresas, que son las más responsables del cambio climático, empezando por los hidrocarburos. Los políticos deberían regularlas y hacer que haya mecanismos de rendición de cuentas que realmente se cumplan y reparen los daños ambientales.

Nuestra tarea como ciudadanos es presionar a los políticos para que tomen alguna de las dos. El crecimiento económico, que además en nuestro país sabemos que beneficia mucho más a unos que a otros, tiene que dejar de ser la excusa para seguir devorando recursos naturales. También tiene que dejar de serlo darles toda la responsabilidad a los consumidores, como si de sus decisiones dependiera la política ambiental global.

Ojalá más de nosotros le cojamos la pita a esa lógica y tomemos medidas políticas, no de consumo, para proteger el medio ambiente. La pregunta no debe ser cuántos pitillos, sino más bien cuántos políticos salvan a un canguro.

@sebvillasanta

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2020-01-10T00:00:42-05:00

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