Por: Gonzalo Silva Rivas

Cuarto de hora

Numerosos y calificados proyectos hoteleros han tomado vida en los últimos diez años en algunas de las principales ciudades colombianas, permiitiéndoles a varias de ellas figurar en el escenario regional con un crecimiento en la oferta superior a la media latinoamericana.

Bogotá supera a Lima y a la alicaída Buenos Aires y va emparejada en la cima con Santiago. Las cifras son contundentes. Durante este lapso en el país se han construido 20 mil nuevas habitaciones y se han remodelado no menos de 10 mil.

La situación puede ilustrarse desde otro escenario. En 2002 la inversión en infraestructura hotelera marcaba escasos US$3.5 millones, pero exponencialmente fue creciendo hasta llegar a US$900 millones en 2009, y sumar US$1.700 millones en 2010. A 2011 las inversiones merodeaban por los US$2 mil millones. Este año Colombia estrenaría 22 hoteles de primer nivel y para 2014 se prevé que las nuevas habitaciones superen la barrera de 23 mil.

Este boom hotelero tiene explicación en el favorable clima que la imagen colombiana alcanza entre los inversionistas internacionales. Los incentivos fiscales otorgados en 2002, el crecimiento económico, el TLC con Estados Unidos, la mejor percepción de seguridad, la capacitación y profesionalización laboral en el sector -segunda después de México-, y la descentralización del país con una docena de ciudades intermedias de gran tamaño y fuerza económica –lo que facilita la economía de escala y la diversificación del riesgo-, son válidos atractivos para inversionistas y hoteleros.

De ahí que un país que hace una década apenas sí contaba con la presencia de un par de marcas hoteleras internacionales, tenga ahora una quincena de productos corporativos globalmente reconocidos. Colombia es la segunda nación en tamaño y crecimiento económico de la región después de Brasil, y al igual suyo, su desarrollo turístico se ha favorecido por el crecimiento de la oferta, el fortalecimiento de la clase media y la reducción de los costos aéreos.

La hotelería colombiana atraviesa por un inmejorable cuarto de hora pero no está exenta de pisar arenas movedizas en este acelerado camino de expansión. El consultor estadounidense Clay Dickinson da una voz de alerta y refuerza temores surgidos en el seno de Cotelco. El mercado empieza a sentir los riesgos de una sobreoferta. En Bogotá y Medellín algunos hoteles han visto decrecer sus tarifas. Y aunque la noticia es buena para los turistas no deja de ser un riesgo para inversionistas.

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