Cuatro historias con carne

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En esta semana que se acaba se registraron cuatro noticias relacionadas con carne. Pese a que pocas veces asociamos lo que comemos con la política nacional, estas cuatro son historias políticas que dan cuenta del desastre ecológico, la crueldad contra los animales, la radicalización de la derecha, la desigualdad en la tierra y las oportunidades, la desidia en la administración de los recursos públicos y la pobreza.

La primera tiene que ver con lo que encontró la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible en sus sobrevuelos a ras de selva. En lugar del paisaje tupido de árboles, se encontraron con “extensos pastizales con pocas vacas”. Esto, dice la Fundación, se debe a la deforestación del bosque húmedo tropical. Explica también que, de acuerdo con sus investigaciones, la deforestación, que se concentra en los departamentos de Caquetá, Guaviare y Meta, es responsabilidad de las autoridades, que no tienen la capacidad de hacer cumplir la ley ni el conocimiento sobre quiénes son los propietarios del ganado. “Los acuerdos con el sector ganadero se deben orientar a reducir su avance hacia los bosques amazónicos (...) ¿Cuál es el compromiso del sector ganadero?”, declaró Rodrigo Botero, director de la Fundación. Sintiéndose interpelado, José Félix Lafaurie, presidente ejecutivo de la Federación Colombiana de Ganaderos, replicó: “El compromiso irrenunciable de Fedegán es con la ganadería verde y el bienestar animal”.

La segunda noticia está relacionada también con ganado. Específicamente, con los animales vivos que el país exporta por vía marítima a países como Egipto, Líbano, Irak y Jordania. La concejal Andrea Padilla, del Partido Verde, es parte del grupo que trabaja en un proyecto de ley que prohíba la exportación de “animales en pie”. Padilla explicó a la prensa que en medio de estos viajes “el ganado que sale de los puertos colombianos tiende a enfermar por el hacinamiento, la falta de ventilación en los barcos de cuatro a seis pisos, el limitado acceso a comida y agua”. Sintiéndose interpelado, José Félix Lafaurie no sólo desmintió estas declaraciones sino que acusó sin prueba alguna a la concejal Padilla de tener vínculos con las hoy desmovilizadas Farc-Ep (por orden de un juez, Lafaurie fue compelido a retractarse).

La tercera noticia es sobre la hacienda El Ubérrimo, donde seguirá el expresidente Uribe, pese a que se pensaba que esta semana quedaría libre. Uribe fue detenido en sus tierras de Córdoba el pasado 12 de agosto. Sintiéndose interpelado, José Félix Lafaurie señaló que Colombia es un “país de cafres” por ser una nación donde “un patriota ejemplar como Álvaro Uribe tendrá que soportar la medida de aseguramiento”. Al interior de su partido Centro Democrático hubo quienes manifestaron su preocupación por la seguridad de Uribe en zona rural de Montería. Abelardo de la Espriella, uno de sus abogados, comparó a su defendido con un felino enjaulado (“el tigre de El Ubérrimo”). En las aproximadamente 1.500 hectáreas de El Ubérrimo no hay sin embargo tigres sino vacas, yeguas, potros, potrancas y caballos. Con respecto a la seguridad, cabe recordar que su dueño, hoy retenido allí, cuenta (además de las fuerzas estatales que lo guardan) con distintos anillos de vigilancia. De hecho, la seguridad privada de haciendas ganaderas de Córdoba tiene toda una tradición.

La cuarta noticia es sobre los niños y las niñas de Bucaramanga, pues salió a la luz que en el Plan de Alimentación Escolar del año 2018 se les daba carne de caballos y burros procedentes de mataderos ilegales. Algunos de estos animales, de acuerdo a la Fiscalía, estaban enfermos. Como el mal estado de la carne era evidente, los estudiantes, sus padres y los colegios se habían quejado sin resultado. La Contraloría General de la Nación ha detectado que, desde el 2014, más de $84.000 millones que debieron destinarse para la alimentación de los estudiantes de los colegios más pobres del país se han dilapidado en actos de corrupción, malas administraciones de recursos y sobrecostos. “Mi hija me decía que la carne olía a feo y no se la podía comer porque estaba muy dura —contó una madre de familia—, ella se quejaba de dolor de estómago, pero no podemos decir que sea solo por eso. Ella no se la quería comer, pero nosotros no tenemos plata para darle proteína al almuerzo y yo le decía que se la comiera allá porque era regalada”.

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