Por: Mauricio Rodríguez

Cuenta Corriente

La diferencia entre las exportaciones y las importaciones de bienes y servicios se denomina el saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Ese saldo en el caso nuestro ha sido crecientemente negativo desde 2005. Para este año se estima que el déficit será cercano a los US$7.000 millones, una cifra  equivalente al 4% del PIB.

La teoría económica dice que las monedas de países que tengan este déficit tenderán a devaluarse. Esto no ha sucedido aún en Colombia porque tal desequilibrio ha sido financiado por una avalancha de inversión extranjera y de fondos foráneos que llegan para aprovechar el creciente diferencial entre las tasas de interés locales y las externas.

Pero no se puede confiar en que esas fuentes cubrirán el sobregiro indefinidamente. Porque puede llegar el momento en que los dividendos que se paguen al exterior por cuenta de la inversión extranjera de años anteriores sean montos superiores a los que arriben como nueva inversión. Además, porque los fondos que están llegando a lucrarse de las relativamente altas tasas de interés locales  pueden cambiar de destino si encuentran opciones financieras  más rentables y de menor riesgo.

Otras alternativas para tapar el agujero en la cuenta corriente serían acudir al endeudamiento externo y/o hacer uso de las reservas internacionales. Tomar préstamos en dólares sería inconveniente porque implicaría un mayor gasto público por el pago de los intereses; y adicionalmente la venta de esos dólares en el mercado local  atizaría la revaluación. Gastar las reservas internacionales que con tanto esfuerzo se han acumulado no sería prudente, puesto que ese ahorro permite que el costo del crédito externo del país sea moderado (al servir de respaldo); y es además un colchón de seguridad para épocas realmente críticas.

Por lo tanto, hay que insistir en la lucha contra la apreciación del peso, fenómeno que está alimentando el déficit en la cuenta corriente. El  Gobierno tiene que generar un superávit fiscal, y el Banco de la República debe reducir el costo del dinero.

Desafortunadamente, todo indica que ninguna de estas dos medidas será adoptada pronto, lo cual fomentará el deterioro en la cuenta corriente. Pero ese empeoramiento no pasará impune. Como lo advierte The Economist en su más reciente edición, tarde o temprano las monedas de naciones con  abultados y crecientes saldos en rojo en su cuenta corriente se desplomarán como dominós.

 

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