Por: Lorenzo Madrigal

Cuentas de cobro

NO ES SÓLO LA CONGOJA NACIONAL. Puede decirse que hay un sentimiento generalizado tanto en contra de la guerrilla como en contra del Gobierno. Cualquiera lo percibe en su entorno, así éste sea pequeño, pues todo lugar sirve de muestra cuando hierve la Nación.

Hay rabia, la misma que imita con voz impostada el señor presidente. Uno tiende a no creerle: ¿es esa la misma rabia con llanto de los realmente adoloridos? Pues no. Y es que no puede sentirse en carne propia el dolor ajeno. Hasta se aguan los ojos, pero pesadumbre tan honda no les llega a todos. Al triste se lo acompaña de buena voluntad, pero cada cual se despide y se encamina a lo suyo.

El mandatario, en cambio, tiene el deber de reflejar el sentimiento nacional; de ahí cierta teatralidad, que se desmaquillará con los días. Mostrar un rostro tenso y colérico, a sabiendas del desamparo en que se hallaba la tropa a la hora de la masacre, no comunica mucha sinceridad. Cólera y rabia sí debió sentir, pero consigo mismo y con sus consejeros. No hay para qué disimular que el comisionado De la Calle fue llamado a consultas, pues el asunto no debe ser fácilmente manejable en La Habana.

Con la opinión encima, la reacción teatral del jefe del Estado es una natural defensa política frente a la cuenta de cobro que, en expresión espontánea, le están pasando en las calles. Otro tanto, y aún más, se la están facturando con rigor a la guerrilla, que faltó “con alevosía y ventaja” a la palabra de tregua empeñada.

No se organizan por ahora marchas ni se hacen encuestas. Imagino cómo fueran las movilizaciones no pagadas, sin cuerpos policiales disfrazados de parroquianos, cuando ya no se trata de favorecer al Gobierno, maquinador de caminatas, con día libre laboral.

La paz ha quedado herida y se dice en todas partes que el proceso colombiano se ha devuelto. Pero nada les devolverá la vida a los sacrificados esa fatídica noche de abril. Ni se calmará con nada el dolor de madres, esposas, hermanas. Las autoridades entretanto continuarán fingiendo un dolor oficial, mientras tratan de salvar su propósito de paz, que se viene adelantando con muchos pendientes, entre los que se temen peligrosas concesiones, sobre todo territoriales.

El episodio sangriento pasará y amainará el clamor nacional. Por eso el tribuno Acevedo y Gómez pedía que no se dejaran pasar los momentos de efervescencia y calor. En este caso, para afirmar la protesta, que es bifronte: contra la guerrilla y contra el Gobierno.

Se dice oficialmente que no se negó el apoyo aéreo. Las condiciones climáticas, por lo demás, le ayudan al Gobierno a salvar la faz. Pero la orden que prohibía las acciones del aire ya había sido dada por el presidente un mes atrás, renovada por uno más, prorrogable. Santo y bueno.

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