Por: Mario Morales
El país de las maravillas

Cuentos de marzo

En las semanas previas a nadie parecía interesarle el nombramiento de la Junta de Acción Comunal hasta que llegaron los jóvenes con sus músicas y grafitis, burlándose de la generación de zombis, como llamaban a quienes habían decidido, desde antes de fundarse, los destinos del barrio.

Ni ellos ni los más viejos tomaron en cuenta el alboroto. Los primeros, porque estaban seguros de que era la espuma de siempre y los segundos, porque creían que nadie los iba a tomar en serio.

Pero el ruido se hizo grito cuando un grupo de inquilinos venidos de otros barrios se unieron para proponer que se usaran para recreación y huerta comunes los lotes baldíos que llegaban hasta las faldas de la montaña, adonde nadie había vuelto por físico miedo. Entonces reaparecieron las versiones sobre los dueños verdaderos de aquellas extensiones que, al decir de las malas lenguas, estaban escrituradas a los zombis y sus descendientes hasta la cuarta generación.

Hubo fricciones cuando aparecieron en carteleras de la escuela y de lo que quedaba de la biblioteca fotos de cómo extraían en esos lotes el agua subterránea, y de las pocas vacas que habitaban el único verde posible en los alrededores, a pesar de que al barrio solo llegaba ese servicio cada cuatro días.

Hubo enfrentamientos verbales cuando aparecieron fotos con restos humanos encontrados en los lotes más cercanos, que según algunas madres eran de quienes alguna vez se atrevieron a instalar carpas para vivir allí. La versión fue rápidamente desmentida, a través de altoparlantes, por los dueños de los negocios más prósperos, recordando que pertenecían a jíbaros y atracadores que azotaban el barrio.

En contraste con la iracundia generalizada, la noche del domingo, una vez ratificada la Junta de Acción Comunal de siempre, el barrio pareció retornar a la calma. Salvo las celebraciones de rutina, los vecinos, incluidos los que vivían a la intemperie en el parque y los mendigos en la zona bancaria, parecían dormir un sueño profundo y en paz; al fin y al cabo, todo había quedado como estaba y nadie les había arrebatado lo que era suyo.

www.mariomorales.info y @marioemorales

 

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