Por: Oscar Guardiola-Rivera

A cuerpo de rey

“En el país de Rajoy hasta el rey ha quedado desempleado”, dicen en España.

Quizás por ello un buen número de votantes castigó a los partidos del purgatorio posfranquista y prefirió al populismo de izquierdas que encarna Podemos.

Sucede que entre los miembros de Podemos hay quienes parecen haber aprendido una que otra lección de los movimientos que hicieron estallar el puntofijismo en Venezuela. Por ello, la derecha posfranquista habla ahora del dilema español: interregno y castro-chavismo. Franco debe estar revolcándose en su tumba. Primero, Don Juan traiciona al Caudillo de España por la Gracia de Dios. Ahora, España evoluciona en Latinoamérica.

Se me ocurre proponer, de manera modesta, que el dilema español puede ser la solución del colombiano. Para realizar su deseo, los herederos del resentimiento falangista entre nosotros podrían ofrecer al vacante don Juan un trono andino. A fin de cuentas, el legado de Bolívar en estas tierras ha sido un desastre, según ellos. Para la muestra, véase al vecino, donde el 80% de la población vota y la mayoría elige a un chofer de bus como presidente. Sería simbólico, pues don Juan ya los mandó a callar una vez.

La solución que propongo a los teóricos del exterminio colombiano no puede ser más feliz. De una parte, podrían deshacerse de una vez por todas de la democracia y la constitución populista que tanto les molesta. De la otra, rescatarían en la América tomada por la izquierda el legado libertario y mercantilista del padre Luis de Molina.

Podríamos entonces llamar a las personas y las cosas por su verdadero nombre. En vez de Fernando Londoño, Onésimo Redondo. A cambio de José Obdulio, Juan Vásquez de Mella. El procurador Ordóñez podría ser el inquisidor Torquemada, el padre Juan Tusquets o el mismísimo cardenal cismático a quien sigue. ¿Y Uribe? Joder, como dicen los peninsulares: ¡pues Caudillo de la Patria por Gracia de Dios! Mejor aún, Caudillo de la Guerra de Liberación contra el Comunismo y sus Cómplices.

¿Restaurar la monarquía? Razones abundan. Las elecciones son costosas. Hay que ganarlas con mentiras y Fabio Valencia Cossio, el zombi de la política nacional que retorna otra vez del más allá antioqueño, el cacique electoral que en el pasado acusó a Uribe de otorgar licencias a Pablo, eligió a Pastrana con una foto de Tirofijo, lideró un proceso de paz fracasado y de seguro pedirá el papel de Carrero Blanco. Además, en las elecciones votan conservadores razonables, independientes e izquierdistas como yo (véanse los comentarios al final de esta columna), que suelen sumar más votos de lo alcanzado por Zuluaga o Santos. Sin contar el 60% de abstención y el voto en blanco, que nunca cuentan.

Será una monarquía constitucional, no vaya y sea que don Juan traicione otra vez al caudillo.

 

Óscar Guardiola Rivera *

 

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