Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Cuestión de estilo

EN UNA COLUMNA PASADA ME REFErí a la retórica uribista: a la manera en que se basaba en un conjunto pequeño de reglas simples, que generalmente le resultaban bien al caudillo.

Cierto: éste ha contado con la benevolencia constante de periodistas que tienen alto impacto en la opinión, sea porque influye sobre ellos, sea porque sabe que están en busca de eventos con contenido noticioso. Transcribo a continuación las siete primeras reglas sagradas de la retórica uribista.

1. La mejor defensa es el ataque. Nunca dé explicaciones, ni responda a imputaciones sobre sus actos, incluso si estas son gravísimas. Denuncie siempre al adversario.

2. Desvíe. Si lo están acusando de algo, encuentre una incriminación espectacular contra un blanco apropiado y dirija el interés de los periodistas en esa dirección

3. Acuse. Uribe es un especialista de la denuncia temeraria (en una próxima columna sacaré un listado de las principales que ha hecho, para que el lector pueda evaluar cuánta credibilidad pueda tener el caudillo). Nunca se retracta. A veces, denuncia a gente por hacer cosas perfectamente legales. No importa. La clave es sembrar dudas sobre la credibilidad de quien esté combatiendo.

4. Recuerde: nada es coincidencia. Una de las expresiones favoritas en las toldas uribistas es “no es casual que...”. Las cosas no ocurren por azar. Sobre la base de este principio, Uribe y los suyos han afinado el uso de la sugerencia, convirtiéndola en un arma poderosísima.

5. Sea simple y brutal. Cuántas veces los intelectuales se han burlado de la agresividad primaria de Uribe, sin entender que para muchos sectores precisamente esa forma de expresarse causa delicias y constituye una importante innovación. En lugar del estilo indirecto y lleno de referencias para los iniciados de los políticos tradicionales, el caudillo insulta y grita sin reparos. Y lo hace de manera corta y contundente, basada en palabras claves que se pueden repetir muchas veces. Por eso se le da tan bien el Twitter, con su formato compactísimo, que obliga a renunciar a los remilgos y las perífrasis.

6. Conecte. Todo el mundo está potencialmente conectado con los terroristas. En cuanto comience una discusión, busque la manera de vincular a su enemigo con las Farc.

7. Mantenga su margen de maniobra. Nunca hay que cerrar todos los caminos para la acción futura. Por ejemplo, cuando María del Pilar Hurtado dio con sus huesos en la cárcel, Uribe la defendió a capa y espada, pero dejándose la posibilidad de destruirla en caso de que cediera a la tentación de evitar que todo el peso de lo que hizo el DAS durante su período de dirección cayera exclusivamente sobre sus espaldas.

La gran fuerza de estas reglas de procedimiento discursivo está a la vista. El uribismo ha podido crear una serie de fantasías sorprendentes, sobre las que navega cómodamente. De estas, la que más me gusta es la idea de que bajo los ocho años de mandato del caudillo la economía creció vertiginosamente. Esa noción está sólidamente instalada en la opinión, y se puede leer y oír incluso en boca de algunos de los más acérrimos contradictores de Uribe. Pero no es verdad. De hecho, el crecimiento entre 2002 y 2010 fue, utilizando criterios generosos, mediocre, y los indicadores de empleo muy malos (pese a haberle quitado las horas extras a los celadores que dizque para mejorarlos). Otro buen ejemplo es el proceso de paz. El uribismo ha tratado de crear la impresión de que está en crisis permanente, a pesar de que ha avanzado. Para lograrlo, tiene que minimizar cualquier resultado positivo del proceso. Cierto, en esto el uribismo tiene competidores serios, como el ministro de Defensa. Pero el presidente no se da por notificado.

 

 

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