Cuestión de ética

Desde cualquier punto de vista que se le mire, el comentario editorial “Los hijos de los presidentes” del periódico El Espectador (24-04-2009), es claro y contundente al reafirmar que los hijos del actual mandatario, Jerónimo y Tomás, incurrieron en una falta de ética.

Resulta demasiado obvio que en Colombia todos tenemos derecho a laborar y también a hacer empresa o negocios y obtener ganancias. El mismo presidente Álvaro Uribe Vélez dijo en una de sus declaraciones de campaña que él llegaría a ser mandatario para “trabajar, trabajar y trabajar...”. Los hermanos Tomás y Jerómino Uribe Moreno están en su derecho de crear empresas y ser exitosos negociantes y obtener ganancias, pero no es ético que para lograr sus objetivos o intereses económicos tengan que valerse de decisiones de entidades del mismo Gobierno Nacional, tal y como está demostrado en el caso de los lotes en Mosquera, Cundinamarca.  Esto es, ni más ni menos, una cuestión de ética y  se tipifica el tráfico de influencias, ejecutado al más alto nivel del Gobierno Nacional.

 Jorge Giraldo Acevedo. Santa Marta.

El rostro de la voz

Desde niño, siempre imaginé las personas dueñas de aquellas voces de la radio en todos los frentes donde se escuchaban. Las voces noticiosas, las comerciales, las humorísticas, las de las radionovelas y por supuesto las de los declamadores, cantantes y aquellas que nos informaban la hora.

Nací en el año que llegó la televisión a Colombia; y fueron muchos lustros después que empezaron a conocerse muy tímidamente aquellos rostros de esas fantásticas y a veces  misteriosas voces que hasta entonces eran una incógnita en nuestras mentes. Eran tiempos en los que muy pocos diarios circulaban, al igual que una u otra revista. Escucharlos admiradamente, e imaginarlos físicamente de mil maneras, era por lo menos lo que en mi mente cruzaba.

Me parece que todos podemos hacer el ejercicio de recordar nuestras miradas y expresiones al conocer aquellas voces guardadas en unas cabinas y en unos cuerpos, de mil formas imaginados.

No menciono nombres, pues la lista sería interminable e injusta a todas luces. Particularmente hubiera preferido no conocer personalmente, o a través de cualquier otro medio sus rostros, mucho menos y en algunos escasos casos los comportamientos de los mismos.

Es como el escritor, cuanto más anónimo más intrigante, son sus letras las que nos cautivan; y sus rostros los que otras tantas nos desconciertan. Por supuesto, el hábito no hace al monje.

 Raúl de J. Moreno. Medellín.

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