Por: Iván Mejía Álvarez

Cuestión semántica

La foto fue impactante y desconsoladora. Como un perrito regañado, Jairo Clopatofsky, el nuevo director de Coldeportes, posaba al lado de Luis Bedoya y Ramón Jesurún, tras la reunión en la que los dirigentes del fútbol fueron a pedir explicaciones por las palabras del funcionario estatal acerca de una "intervención" en el balompié profesional.

No era para tanto. Las frases de Clopatofsky fueron mal interpretadas y no debieron producir tal ataque de indignación e ira en la dirigencia del fútbol. Es un tema semántico. Clopatofsky dijo que el Gobierno iba a intervenir en el fútbol colombiano y los dirigentes entendieron que el Gobierno iba a intervenir el fútbol. Son dos cosas completamente diferentes.

Una de las misiones de Coldeportes es actuar como órgano de control y vigilancia de la ley marco del deporte. Y la Ley del Deporte, gústele o no a Bedoya y Jesurún, está por encima de las normativas de la Federación de Fútbol, la Dimayor y la Difútbol, para efectos jurídicos, no existen en la Ley del Deporte, tan sólo existe un ente llamado Federación Colombiana de Fútbol. Coldeportes, pues, tiene la obligación de hacer cumplir la ley.

Y la verdad es que la Fedefútbol, sus clubes profesionales y sus ligas aficionadas se están pasando la ley marco del deporte por donde les da la gana. Violaciones permanentes a los pagos de parafiscales, contratos “chuecos” para evadir responsabilidades tributarias y laborales, incumplimientos en pagos de retenciones e ivas, presencia de dineros calientes y personajes oscuros en las constituciones de los equipos profesionales, entre otros temas, permanentemente denunciados en los medios, forman parte del prontuario que durante meses y años se viene acumulando y ante el cual Coldeportes se ha hecho el de la vista gorda, particularmente en la nefasta administración de Ébert Bustamante, un subjeto bueno para nada que pasó con más pena que gloria por Coldeportes.

Por eso, Clopatofsky habla de intervenir en el fútbol colombiano para que la Federación cumpla la ley, para que se someta a los controles y la vigilancia, prevista en la normatividad vigente. Clopatofsky, vocero del Estado, está en todo su derecho de anunciar investigaciones y de sancionar a quienes no cumplan con los preceptos establecidos. Lo único que faltaría es que quienes manejan el fútbol tuvieran patente y licencia para hacer lo que les da la gana.

Lo primero que debe hacer el fútbol colombiano es aceptar la cruda realidad. Está quebrado, es absolutamente ilegal en muchas de sus actuaciones, carece de dirigencia seria y en estos momentos evidencia una absoluta falta de liderazgo para salir de la crisis a la que lo han llevado una cantidad de sinvergüenzas que han desangrado los equipos y las ligas, y permanecen en la impunidad.

Espero que Clopatofsky tenga el carácter y la decisión de seguir adelante y que los regaños públicos de Bedoya y Jesurún no lo amedrenten y lo obliguen a continuar como sus predecesores haciéndose el “boludo” ante la gravedad de lo que está pasando. Que primero cumplan con las leyes y después que pidan gabelas.

 

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