Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Cuidado, arroyo peligroso

De julio a noviembre noticieros transmiten imágenes de vehículos (y a veces personas) arrastrados por corrientes de agua lluvia, acompañadas de una corta descripción (“el arroyo se llevó un carro”). En Barranquilla avisos de tránsito los anuncian en amarillo y adultos de todos los estratos los vaticinan con resignación: “Ya viene el arroyo”.

Los arroyos, como su nombre lo indica, han sido naturalizados. Se los trata como inevitables productos de una “naturaleza” externa e incomprensible.

Por esto, el trabajo de los estudiantes del colegio oficial Marco Fidel Suárez es único. Su iniciativa partió de la pregunta: ¿cómo se vive en Barranquilla? Los alumnos que estudian (y viven) en la Comuna 11, recorrida por el arroyo Don Juan, decidieron perseguir la lluvia, la escorrentía y las historias. Asesorados por investigadores del programa RED de la Universidad Nacional y ayudados por sus profesores, los estudiantes William Barrios, Yamith Cantillo, Aníbal Campo, Soleiny Contreras, José García, Julieth Gómez, Alexánder Herazo, Pedro Ortiz, Yeiner Urieta, Windar Vaquero y Carlos Vega construyeron un proyecto que se ha sostenido por siete años (http://www.arroyosdebarranquilla.co).

Piensan el arroyo como una relación entre el agua y los distintos procesos locales y nacionales. Una coproducción entre el Magdalena, otros cuerpos de agua, las condiciones topográficas, el crecimiento desordenado, las malas decisiones en varios niveles del gobierno, la desigualdad y los procesos de violencia regional y desplazamiento. Saben que en ausencia de recolección de basuras en ciertos barrios, los habitantes aprovechan el arroyo para que se lleve todo (taponando las cuencas y empeorando futuros arroyos). Y que las canalizaciones suelen solucionar el problema de inundación en un sector y agravarlo en otros a los que el agua, simplemente, llegará más rápido.

 

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