Por: Mario Fernando Prado

Cuidado con el solphidem

QUIENES PADECEMOS PROBLEMAS de sueño —de no dormir, digo— hemos hecho un ya largo periplo por toda suerte de dietas, aguas, pastillas y hasta brujerías.

En ese orden de ideas hemos eliminado las comidas nocturnas y los vinillos de medianoche, cayendo en zanahorieces como ingesta de manzanas, agüitas diversas que no siempre son efectivas, recurriendo entonces a las inefables pepas. Creo que las mejores son las de las tiendas naturistas, que sin embargo a no pocos no los mandan a dormir.

La opción es entonces cualquier cantidad de pastillas que se expenden y se venden a tutiplén de manera tan libre como irresponsable. Y con ellas sucede igual que con las drogas para la gripa: se recetan alegremente sin saber quién es el paciente. Y lo peor, se compran sin ninguna restricción, sin fórmula médica e incluso se piden a domicilio.

Uno de esos remedios es el ya famoso solphidem, resultando casi siempre peor el remedio que la enfermedad. Si bien una o media pastilla lo manda a uno al reino de Morfeo con acción casi instantánea, cuídese de lo que en muchos insomnes produce. Y no hablo de secuelitas pendejas, sino de serios trastornos que van desde pesadillas y pérdidas de la memoria hasta embrutecimientos y cuadros de angustia y depresión, sin contar con que se vuelve adictivo.

Todo ello no se advierte al momento de venderse y el engañado consumidor hace un curioso canje: cambia unas más o menos buenas noches por unos perversos y fantasmagóricos días.

Pero hay más: si usted entra a internet y busca solphidem, atérrese de lo que allí dice: no se trata de una pepita inocua y/o inofensiva, sino de un sedante hipnótico que desacelera la función cerebral de tal manera que si usted despierta en la mitad de la noche y realiza cualquier actividad, es posible que al otro día no recuerde lo que hizo. Ah, y para dejarlo hay que hacerlo gradualmente, como sucede con cualquier adictivo.

Frente a ello el acucioso Ministerio de Protección Social no dice nada. Por el contrario, permite y tolera, repito, su venta libre al público, comiendo cuento de que se trata de un inductor del sueño y no hay tal: conozco solphidemadictos que no saben qué hacer: si no se lo toman, no duermen, y si se lo toman, he ahí las consecuencias.

 

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