Por: Cecilia Orozco Tascón

Cuidado con prender la mecha

Un libretista y un actor que han recreado —con dudosos efectos sobre la moral social— la “cultura” narco en telenovelas fascinantes para las masas consumidoras, son los principales miembros del círculo electoral de Gustavo Petro al que, desde ya, llaman “próximo presidente de la República”, seguramente porque dan por hecho que la elección reside en las encuestas y no en los votos. Pero la imprudencia verbal que han mostrado los señores Gustavo Bolívar, cabeza de lista al Senado (¡¡¡!!!), y Gregorio Pernía, ahora dedicados a la política (como si el manejo del Estado se aprendiera de la noche a la mañana), no se limita a subirle más decibeles al ego de su candidato. Irresponsables, enfrentaron de manera peligrosa para la seguridad pública las agresiones que sufrieron en Cúcuta el pasado fin de semana cuando, con todo derecho, el aspirante presidencial pretendía asistir a una concentración de sus seguidores.

El video grabado y narrado por Bolívar dentro del vehículo en que se movilizaban Petro, Pernía, él y otras personas, que él mismo se encargó de difundir en su cuenta de Twitter, es el testimonio más claro de la falta de madurez y ponderación en una situación potencialmente riesgosa del grupo que aspira a dirigir el país. De una vez, sin esperar análisis, Bolívar fue sentenciando que el objeto que hizo una abolladura en el vidrio blindado del vehículo era bala. Petro, más calmado, insistía con terquedad en quedarse en el sitio a pesar de que el hombre de seguridad que estaba en la parte delantera intentaba alejarlo del peligro de un ataque mayor. El exalcalde fue tan exigente que el conductor tuvo que regresar al parque en donde, en efecto, había individuos energúmenos que rechazaban la presencia del candidato.

Poco después, el señor Bolívar, ya fuera del vehículo, y en un nuevo video que al parecer desmontó, amenazó con vengarse: “¡Vamos a llegar a la Casa de Nariño y los vamos a expulsar a todos estos paramilitares corruptos de mierda!”. El lunes pasado, entrevistado por una cadena de radio, no había recuperado el aliento ni la cordura. Entonces hizo otras afirmaciones de gravedad inusitada: “Conozco un poco del tema de los blindajes... solo dispararon por el lado donde estaba Gustavo (porque) lo que uno calcula es que alguien desde el hotel contó (en dónde estaba sentado Petro)… cuando nos cercioramos de que había bala (porque) sí hubo atentado… Y había un plan sicarial para atentar contra Petro (y) si se baja del carro, con seguridad lo matan”.

Por su parte, el señor Pernía había ido a Cúcuta y no propiamente en son de paz. Subió a sus redes sociales otro video para “denunciar” que el senador de esa ciudad Juan Manuel Corzo —político nada recomendable— lo había pateado. Sin embargo, en las imágenes se ve otra cosa: Pernía detrás de Corzo insultándolo a gritos mientras este trata de huir por los pasillos del aeropuerto de esa ciudad. “Violador”, le dice Corzo y Pernía no se queda atrás: lo persigue: “Usted, hágale, hágale… corrupto… corrupto… lo patrocina un sicario… asesino… no ha hecho un culo por Cúcuta usted…”.

Toda acción tiene su reacción. Esa elemental regla, no de la guerra sino de la política, deberían tenerla en cuenta los señores asesores del candidato Petro. La Fiscalía ha dicho que no hubo impactos de arma de fuego. De todos modos, hay que esperar que la investigación concluya. No hay nada que justifique un ataque ni siquiera de gestos o palabras, contra quienes están en contienda para llegar a la Presidencia. Mucho menos se pueden aceptar las pedradas, los golpes, o, desde luego, los atentados ni contra Petro ni contra Uribe ni contra nadie. Sin embargo, del lado de las campañas existe una responsabilidad inmensa en la forma como afrontan el debate electoral y como incentivan a sus barras. O las convierten en fieras bravas dispuestas a matar y a hacerse matar, o las llaman a la tranquilidad y a la tolerancia. De todos depende la paz, ya no la del acuerdo sino la ciudadana. Ojo con lo que dicen y hacen, asesores y candidatos.

 

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