Por: Nicolás Rodríguez

Cultivos de cocaína

Por supuesto el título es un error. Un gazapo que hace pensar en la propaganda aquella de la voz infantil hablando en radio de “la mata que mata”. Una canallada. Y sin embargo reiterativa. También en prensa. Y televisión. Todas las formas de lucha.

“El incremento de los cultivos de cocaína en Colombia tuvo un impacto directo en el aumento de la oferta en los Estados Unidos”: 22 de agosto 2017, periódico El Tiempo. ¿Sección? Justicia. La cocaína, pues, no se hace. Nace cocaína.

De ahí a la pataleta estratégica del fiscal general no hay mucho trecho. Se opone Néstor Humberto Martínez a la posibilidad de darles un respiro a los 100.000 campesinos que firmaron con el Gobierno del presidente Santos su sometimiento a la sustitución voluntaria de cultivos. En su opinión, estamos ante “cultivadores industriales”. Mucho peor de lo que creíamos: estamos inundados en un mar de cocaína.

No contento con su atravesada a la implementación de los acuerdos de paz, el fiscal se permitió dar cátedra sobre la formulación de políticas públicas y cómo se las debe concertar, con la participación activa de todas las instituciones involucradas. Hay que tener cuidado, dijo, los criminales se suelen reciclar.

En justa reacción ante las palabras del mediático fiscal, el alto consejero para el Posconflicto, Rafael Pardo, habló en defensa de la propuesta del Gobierno Santos. El proyecto trata diferencialmente a los pequeños cultivadores y es, sin más, una “muestra palpable del fracaso del sistema penal”. Palabras arriesgadas, atrevidas, incluso insolentes, dirán sus críticos. Pero que igual se quedan cortas.

En realidad, estamos ante un fiasco completo, histórico y duradero. La política antinarcóticos se pretende concertada, pero es mucho más que una imposición. Es un fracaso educativo. En la historia oficial tantas veces enseñada por la justicia y defendida ahora por el fiscal general, no hay espacio para el colono. No es que no tenga voz. Simplemente no existe. En Colombia cultivamos cocaína.

 

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