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hace 3 horas
Por: Javier Moreno

Culto a la ecuación

La matemática intimida. Su dificultad intrínseca, reforzada por malas prácticas educativas en el colegio y la universidad, hace que ante su presencia muchos sientan temor e incomprensión, pero también respeto.

 

El respeto es un sentimiento inapropiado para relacionarse con disciplinas científicas. La principal fortaleza de la ciencia radica en su capacidad para ser puesta a prueba y potencialmente refutada. Cuando aceptamos afirmaciones científicas sin confrontar su validez ni aclarar sus limitaciones (¿Qué habrá sido de Llinás y su agua milagrosa, por cierto?) no somos muy distintos de los lectores literales de la Biblia atrapados en dogmas incontestables.

 

Un experimento reciente del matemático sueco Kimmo Eriksson ofrece pistas sobre qué tan extendido es este problema.

En el experimento, Eriksson reclutó doscientos voluntarios con estudios de postgrado en diversas disciplinas y les propuso una prueba sencilla: debían leer dos resúmenes de artículos de sociología y antropología y evaluar cuantitativamente la calidad de las investigaciones que describían. Ambos resúmenes fueron tomados de artículos publicados en revistas prestigiosas, pero en cada prueba Eriksson añadió al azar, al final de uno de los dos resúmenes, una oración (la misma siempre) con contenido matemático irrelevante y una ecuación descontextualizada. Eriksson observó que quienes estaban especializados en ciencias humanas y humanidades tendían a otorgar mayor puntaje al resumen que contenía el añadido matemático absurdo. Aquellos con formación científica o matemática, en cambio, tendían a penalizar ligeramente el exabrupto.

Los resultados de Eriksson han sido interpretados como una crítica más a las humanidades en la línea del famoso escándalo del físico Alan Sokal, quien hace quince años logró colar un artículo sin sentido en una revista de estudios culturales y volverse famoso gracias a ello. Algunos dicen que el experimento de Eriksson demuestra que los programas académicos en estas disciplinas deben reforzar su formación en matemática. No estoy seguro de que sea así. La verdad es que el estudio es apenas una exploración preliminar muy superficial y debería generar más preguntas que diagnósticos apresurados. Mi impresión es que los resultados de Eriksson hablan antes que nada de nuestra relación con el conocimiento científico en general.

La ciencia, lo olvidamos con demasiada frecuencia, es por encima de todo una disciplina humana. La mistificación y promoción acrítica del conocimiento científico es cómoda pero nociva: facilita y hasta promueve la popularización de los charlatanes y manipuladores que aprovechan la confusión inyectando ecuaciones o terminología técnica con el propósito de aparentar solidez argumentativa. Para diferenciarse de un culto, la comunidad científica debería priorizar la accesibilidad y difusión reflexiva de sus descubrimientos, su metodología y su lenguaje, así como promover una discusión pública permanente sobre su validez, matices, limitaciones y pertinencia.

 

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