Por: Catalina Uribe Rincón

La cultura y los cómplices del acoso sexual

Para poder dictar una clase en una universidad de EE. UU. tuve que tomar un curso de aproximadamente tres horas sobre “acoso sexual”.

Este curso, obligatorio para todos los miembros de la universidad, debe repetirse cada nuevo año académico sin importar cuánto tiempo se lleve trabajando en la institución. La capacitación, adaptada para cada cargo, concluye con una pequeña evaluación en la que uno debe responder cómo actuaría en distintas situaciones hipotéticas.

Lo interesante del curso es la cantidad de situaciones que caben dentro de una conducta sexual inapropiada y, por lo tanto, denunciable y sancionable con despido o expulsión. Solo por mencionar algunas, se hace explícito que el acoso se da cuando existe cualquier abuso de poder que envuelva una relación sentimental entre jefe-subalterno, profesor-estudiante, monitor-estudiante o incluso entre pares (dependiendo del caso). Por lo mismo, está terminantemente prohibido tener cualquier tipo de conversación telefónica que no esté relacionada con asuntos académicos o laborales. Así mismo, nunca se le puede decir a un estudiante que está lindo/a, comentarle algo sobre su aspecto físico o indagar por su vida sentimental.

La menos obvia para nosotros los colombianos, y quizá la más importante, es la obligación de denunciar cualquier tipo de situación en la que se crea que pueda haber conducta sexual inapropiada, así uno no esté involucrado en ella. Es decir, cualquier conocimiento que se tenga de algún estudiante que esté siendo acosado por un miembro de la universidad, o incluso por alguien externo, debe ser reportado inmediatamente; quien no lo haga, hace parte de la falta y podrá ser sancionado.

Es curioso cómo Jorge Armando Otálora, el defensor del pueblo, dijo a los medios sin desparpajo que no había acoso pero sí una relación sentimental. Lo que él no entiende es que las dos cosas son lo mismo. Y, más aún, que es una ofensa que debió ser denunciada por quien haya tenido conocimiento de la relación. Para dejarlo más claro, y que se elimine cualquier duda, si, por ejemplo, un profesor, mujer o hombre, coquetea con un estudiante, mujer o hombre, es acoso sexual. Si alguien es testigo y no lo denuncia participa del delito. ¿Excesivo? No. Lo excesivo es que en Colombia hayamos sido educado para aguantarnos dócilmente el flirteo de un superior.

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2016-01-27T15:34:34-05:00

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