Por: Felipe Zuleta Lleras

A cumplir las promesas

Finalmente, hace una semana los colombianos decidimos quién ha de regir los destinos del país en los próximos cuatro años, y ha de ser Juan Manuel Santos.

Personalmente sentí un fresco cuando cerca de las 5 de la tarde conocimos los resultados entregados oportunamente por la Registraduría. El respiro no sólo vino por el hecho de que fuera Santos, sino además por la diferencia de casi un millón de votos, pues de lo contrario el senador Uribe habría salido a hablar de fraude, como lo sigue haciendo en su cuenta de Twitter, la que utiliza como loquito desquiciado para verter allí todos sus odios y pasiones que lo controlan como el demonio a sus víctimas.

Llega el presidente a su segundo período lleno de deudas con sus electores y con el país entero. La primera, por supuesto, lograr la paz con los grupos guerrilleros. Tarea difícil, como él mismo lo ha sostenido, pero para la cual más de 7 millones de colombianos le dimos el voto de confianza. Pero debe cumplir igualmente con las otras, como devolver las horas extras, eliminar el servicio militar obligatorio, garantizar los compromisos con los campesinos, acelerar todo el tema de infraestructura, rescatar a Buenaventura, acelerar la reforma a la salud, hoy empantanada, arreglar el tema de las pensiones, realizar la gran reforma a la educación. En fin.

Sabe el presidente Santos que esos votos son producto de todas las alianzas que hizo para la segunda vuelta y que, obviamente, tienen un precio que debe cancelar. Esperamos, claro está, que no sea por cuenta de la mermelada, que realmente son los llamados cupos indicativos que se inventó el hoy senador Uribe.

El expresidente, aparte de chifladito, parece tener demencia, pues de la noche a la mañana olvidó todas las porquerías que hizo para obtener la reelección que hoy tanto lo mortifica y que él mismo introdujo en nuestra Constitución con la idea de perpetuarse en el poder.

Ojalá el presidente Juampa, con el talante liberal que lo caracteriza, haga un verdadero gobierno de inclusión en donde quepamos todos. La izquierda organizada, las negritudes, los campesinos e indígenas, los miembros de la comunidad LGTBI, los uribistas decentes como Óscar Iván Zuluaga, y todos los demás. Pues la paz empieza realmente por ahí, por entender que debemos ser capaces de vivir en un país en donde todos convivamos, sin odios, sin rencores, sin venganzas como las que alimenta el senador Uribe, quien dejó al país fracturado en su afán insensato de apoderarse del Estado para tomar desde allí todas sus venganzas.

Llega a su segundo mandato el presidente Santos con 7 millones largos de votos que no le pertenecen a Uribe, como siempre alegó el senador desde la primera elección. Votos que se le dieron como un mandato para la paz, así como los 9 millones de hace cuatro años se le dieron como un mandato para la guerra. Así Juampa podrá pasar a la historia como un gran presidente, o podrá hacerlo como el peor de todos. De él depende.

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