Por: Gustavo Páez Escobar

Curiosidades de los libros

La mayoría de los libros de Vicente Pérez Silva tienen esta característica común: que han sido producto de larga indagación, disciplina que le ha permitido realizar certeras y por lo general novedosas revelaciones sobre cada materia. En sus pacientes pesquisas se encuentran títulos como Bolívar en el bronce y la elocuencia, Anécdotas de la historia colombiana, Código del amor, La picaresca judicial en Colombia.

Mucha similitud tiene con su coterráneo Ignacio Rodríguez Guerrero, otro pesquisidor de novedades bibliográficas y autor de la obra Libros colombianos raros y curiosos, que fue editada en tres volúmenes, hace ya largos años, por la extinguida Biblioteca Banco Popular.

Sale ahora a la luz, con la autoría de Pérez Silva, Anécdotas y curiosidades alrededor del libro en Colombia, con el sello del Grupo Editorial Ibáñez, la misma empresa que ha difundido varias de sus obras. El connotado escritor nariñense se dedicó a escrutar en este volumen, con el olfato de sabueso que posee, extrañas y graciosas ocurrencias descubiertas en el mundo misterioso del quehacer literario.

Este libro contiene peculiares hallazgos que han surgido y han sido recolectados en esta travesía intelectual, a la vez ingeniosa y penetrante. Toda actividad o profesión reúne rasgos propios, insólitos algunos, que pintan un estilo de vivir en este planeta lleno de sorpresas, ironías y contrastes. Pérez Silva se detiene en estas rarezas humorísticas para airear el duro oficio literario y transmitir un mensaje grato. Su pluma instruye y divierte, que tal debe ser la misión del escritor.

Son historias breves, ágiles y concisas, que concatenan una serie de humoradas y de sucesos serios. Algunos, cáusticos. Todos, memorables. Por aquí pasan anécdotas como la de Santander prisionero en una biblioteca; o la de Bolívar en la biblioteca del español Mier y Benítez; o la de Marco Fidel Suárez leyendo a Voltaire; o la de un libro en piel de mujer; o la de García Márquez como vendedor ambulante de libros; o las de libros hurtados, o plagiados, o en la hoguera…

Este husmeador de casos pintorescos me encasilla en su reciente obra con algunos episodios jocosos que publiqué en el año 2010 bajo el título Dolores y travesuras del libro. Entre ellos está el de mi novela Ventisca, editada en 1989 por la Universidad Central. El rector, Jorge Enrique Molina, se había dejado ganar del tiempo para escribir el prólogo, y en esta forma llegó el día que estaba programado para la presentación en la Feria Internacional del Libro.

Ya a punto de iniciarse el acto, llegó el rector con un ejemplar de la novela, lo depositó en la mesa principal, para que todos lo vieran, y mostró en el aire la portada. Alguien quiso hojear el libro, pero él fue hábil para mantenerlo asido a la mano. Concluida la ceremonia, anunció que la obra venía en camino, y se ausentó de la sala. Pasó el tiempo, y el libro no apareció.

A mí me tocó sufrir la pena y la incomodidad de no lograr poner en circulación la obra entre el público, en el que había amigos e invitados especiales. ¿Qué había sucedido? Que al no haber llegado a tiempo el prólogo a la editorial, no había podido concluirse el trabajo. Lo que el rector había mostrado era el taco con las hojas impresas y, encima, la portada. Pasado el momento amargo, queda la anécdota de humor que ahora recrea Pérez Silva.

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