Por: Hernán Peláez Restrepo

Da gusto...

Vi por primera vez un juego completo del Real Cartagena y es definitivamente un justo y sólido líder del campeonato. Llegó al Metropolitano a exponer, así se diga lo contrario, su invicto, porque es costumbre que todos quieran ganarle al primero de la tabla. Superó al Júnior con categoría, mostrando serenidad para actuar como visitante y superar el entusiasmo de los barranquilleros que apoyaron hasta donde pudieron a su equipo.

El grupo de jugadores veteranos o con recorrido es clave. Juan Carlos Henao, Geovanny García, Milton Rodríguez y Néstor Salazar se apoyan en los jóvenes y bien preparados física y mentalmente para armonizar el juego. Tanto es así, que la pareja de delanteros fue reemplazada para el segundo tiempo por Edwards Jiménez y Édinson Palomino, quienes no solamente anotaron, sino que ejercieron control sobre un desbaratado local que volvió a confirmar la influencia de Giovanni Hernández para bien o para mal. El 10 estuvo lejano de su nivel y, en consecuencia, dejó a los rojiblancos sin argumento alguno para atacar con claridad.

En el Júnior el desfile de jugadores por la zona derecha es ya lista interminable y sin respuesta positiva. Recuerdo a Óscar Chico Restrepo, Juan Carlos Quintero, Freddy Totono Grisales, entre otros, y el asunto continúa igual. Paulo César Arango, quien llegó de la mano de Diego Umaña, su técnico en el América, no es ni sombra. Desorientado, sin saber cómo transitar por los costados.

El Real por su parte lució seguro en defensa y con oficio en sus veteranos delanteros. Es obvio que en la medida del mal desempeño del rival se vea mucho mejor al ganador, que de paso se muestra equilibrado si revisamos los goles convertidos contra los recibidos. Su gol diferencia es de +9, cifra clara para justificar su campañón. Jugó bien, sin esquemas ultradefensivos y venció con transparencia. Además, fue injustamente expulsado García, quien intercedió por un compañero que estaba en el suelo y apartó a Bacca que llegaba a mortificar o a tratar de teatrero al jugador caído. Me gustó el Cartagena por su espíritu de juego colectivo, sin desorden y preciso en sus movimientos.

En otros detalles aislados de la jornada vi cómo Dairon Pérez se ganó la titularidad en el Once Caldas, donde Dayro Moreno pasa por excelente momento para marcar goles. Vi cómo Édigson Prono Velásquez certificó aquello de la ingratitud del puesto de arquero. Con el tiempo, los goles bobos continúan llegando hasta el último día de su trabajo. Vi los golazos de tiro libre de John Ulloque en Millos-Santa Fe, y de Cristian Nazarit en el mismo clásico; el primero del Cortuluá; la media vuelta bien ejecutada de Luis Muriel del Cali; el del panameño Edwin Aguilar de América y la gestión ofensiva del Tolima.

Finalmente, Santa Fe regresó a una línea de volantes con resultados como Quintero, Bernal, Flotta y Pérez. Ellos logran mantener la esperanza de los cardenales. Y, pensándolo bien, en Millonarios con lo mal que anda, sin muchas luces, sería interesante hacer un ensayo, nada se pierde, de colocar a Ómar Vásquez y Ulloque en un mismo momento del juego. Ulloque más adelante y Vásquez parece buen lanzador de balones un poco más atrás, intentando encontrar alguna salida a esta pobre campaña.

 

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