Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

Daniel Coronell, espejo de Colombia

En mi opinión, el periodismo de Daniel Coronell se puede resumir en tres palabras: “mirar, ver, reparar”, como José Saramago recomendó alguna vez. Mirar los contrasentidos de la vida colombiana. Ver los exabruptos, abusos y estropicios de los políticos en el poder y/o en la oposición. Reparar —en el sentido de notar o advertir— en los chanchullos, las componendas y los subterfugios de ricachones, burócratas y gobernantes. Tres palabras que él manejó hasta la excelencia en sus columnas de la desagradecida revista Semana.

Cuando pienso en el periodismo fidedigno e indomable de Daniel Coronell me vienen a la mente cuatro nombres. Ben Bradlee, el legendario editor de The Washington Post, periódico tan enmermelado y castrochavista como The New York Times. Bajo su dirección se destaparon los secretos más hediondos del Pentágono en la guerra de Vietnam y se reveló la trama de Watergate con su justo final, la renuncia de Richard Nixon. Ese escándalo catapultó a los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein —WoodStein, como les decía Ben Bradlee— a las alturas del mejor periodismo.

Los otros tres son colombianos. Alberto Donadio y Daniel Samper Pizano iniciaron la Unidad Investigativa de El Tiempo a principios de la década de los 70. Sus escritos exploraban, hurgaban y presentaban datos precisos sobre las maniobras de banqueros corruptos, financistas torcidos y otros hampones de cuello blanco. Hoy en día, Donadio y Samper Pizano tienen muchísimos pupilos. De todos ellos el que más me gusta es Yohir Akerman, columnista de El Espectador: con sus denuncias mantiene viva esa tradición de autonomía, valentía y rigor.

Esos nombres, a mi modo de ver las cosas, alientan en la sombra a Daniel Coronell para averiguar, rebuscar, constatar, verificar y chequear hasta llegar casi a la certeza. Y digo “casi” pues por más que se esculque, algo quedará oculto en este país de marrulleros y pícaros en el Poder. Entre posverdades o fake news, las columnas de Daniel Coronell brillan por su rigurosidad y coraje, lo cual le ha traído la animadversión de capataces paisas, magistrados venales y demás ralea del establishment colombiano. Sus denuncias siempre van sustentadas con documentos, fotografías, videos, trinos o grabaciones: no son opiniones, son compilaciones de hechos. Daniel Coronell informa con veracidad y opina con firmeza, es decir, con berraquera. Mastica el miedo y lo escupe después. Que ahora lo echen de una revista al borde de la quiebra (de su credibilidad), es apenas un gaje del oficio. ¡Al ánimo, don Daniel! Te seguiremos leyendo.

Rabito: “Los periodistas son pagados y defienden los intereses de quienes los pagan […] solamente el jefe del Estado representa a la opinión pública y él es el único autorizado a hablar en su nombre”. Excelentísimo señor teniente general Gustavo Rojas Pinilla, 1° de marzo de 1955.

Rabillo: “Y todavía sobran en este país agonizante almas de esclavos que se estremecen de terror porque la prensa no se resigna como ellos a doblar mansamente la cabeza para que no se incomoden con el yugo. Todavía se nos aconseja moderación, y se nos habla de patriotismo y de cordura, y se nos invita en nombre de ideales que ellos no comprenden a secundar en silencio, con resignación de colonos, la empresa clandestina de quienes a estas mismas horas están pactando el compromiso de sumisión con Estados Unidos de América”. Enrique Olaya Herrera, 1919.

@EstebanCarlosM

 

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