Un genio asintomático

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Frente a la pandemia la política se ha visto pequeña, reducida a los pleitos frente a la imposibilidad de las soluciones ciertas, dedicada a los alardes médicos o tecnológicos a falta de una conexión real con la gente más allá del miedo y la imposición. Dedicada, además, a la argucia máxima de quienes se nombran salvadores de vidas, con esa postura y ese tono capellanesco que pide sacrificios para evitar dolores.

Hace un poco más de diez meses Medellín se vendía como la ciudad ejemplo en América Latina para enfrentar el virus. El alcalde Daniel Quintero lo decía de forma categórica en una entrevista en El País de España: “… esta es la ciudad de América Latina con menor de número de fallecimientos por millón de habitantes y una de las de menor número de casos por millón de habitantes”. La gran herramienta era la plataforma Medellín Me Cuida que “incorporaba el uso masivo y sofisticado de la tecnología para reducir la incertidumbre”.

La plataforma captó datos de más de un millón de familias sin claridades legales sobre su uso, seguridad y posterior destrucción. Nunca fue claro el verdadero papel en la contención del virus: ni una sola cifra de contagios evitados, ni una anécdota que diera claridad sobre cómo funcionaba en el terreno como cerco epidemiológico. Solo instrumento para el abuso. La alcaldía llegó a decir que habían puesto un policía en la puerta “de la gente que creía que la cosa era charlando. Luego encerraron durante quince días El Sinaí, un barrio de tres mil personas, por un simple capricho, usando a sus habitantes como ratones para el escarmiento de sus vecinos en la comuna Santa Cruz. Llevaron caballería, ESMAD y ejército con fusiles y pusieron una cerca para que nadie pudiera entrar ni salir. Hoy en día Medellín Me Cuida es una plataforma que reparte SMS a dos manos sin ningún criterio médico, como quien ofrece freidoras o un paquete de cervezas frente a un inminente partido.

Daniel Quintero se parece mucho al alcalde de Nueva York, Andrew Cuomo, que fue héroe en los primeros meses de pandemia y hoy es un político oportunista amparado por algunas mentiras. Promocionó su plan de las 1.000 UCI y lo inauguró hace más de seis meses. Nunca logró cumplir esa meta, solo puso un número y se tomó una foto. Lo más grave es que ha sostenido ese cañazo, mintiendo de frente sobre el indicador más sensible de cualquier ciudad en estos momentos: la disponibilidad de Unidades de Cuidado Intensivo. Y falta decir que al menos la mitad de las cerca de 400 UCI que la ciudad sumó a su sistema fueron dotadas con plata y esfuerzos privados. El acalde inaugura y sus enemigos declarados ponen los recursos y el conocimiento. Un ejemplo, los 15.700 millones de Sura, Corbeta, Nutresa y Fraternidad Medellín para montar 75 unidades nuevas en la ciudad mientras el alcalde prometía 300 en la clínica de La 80, en la que invirtió cerca de 25.000 millones de pesos, y no logró montar ni una sola. Y cómo olvidar los ventiladores de Innspiramed que ampliarían la capacidad de atención. El anuncio se hizo en junio del 2020 y hace unos días se entregaron al INVIMA las pruebas de quince de ellos.

Hoy Medellín está en su tercer pico y el alcalde convoca intensivistas por Twitter. Ya no puede culpar a los municipios vecinos de la ocupación porque los pacientes de Medellín se han comenzado a atender en el oriente de Antioquia y Bogotá. Las buenas cifras que aún se ven en la ciudad están relacionadas sobre todo con estrategias impulsadas por EPS privadas. El antiguo salvador de vidas que antes peleaba por tomar las medidas, ahora agacha la cabeza y dice en voz baja al gobernador encargado que se encargue. Definitivamente Quintero es un genio asintomático.

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