Por: Columnista invitado

¡Danos más locos, Señor!

“¡No hay que pararle bolas a esa señora, que está loca!” es el argumento que cuentan dio Humberto de la Calle en una reunión a la cual asistieron Fabio Villegas, Rodolfo González y otros, al preguntarle sobre la condición de víctima que, mediante Resolución Nº 2012-40215 del 16 de noviembre 2012 se le otorgó a Gloria Gaitán, debido a las amenazas que ha recibido por considerarla un obstáculo en el propósito de sepultar la memoria de su padre.

No sé si eso lo dijo o no, pero lo cierto es que la historia está llena de este estilo de tramas urdidas entre bastidores por quienes buscan mantener el statu quo recurriendo al denuesto y al desprestigio contra las figuras paradigmáticas de toda lucha liberadora. Sobran los ejemplos. Al mismo Jorge Eliécer Gaitán no han parado de calumniarlo sus opositores de ayer y de hoy, tratándolo de “comunista” los de derecha, de “fascista” los de izquierda, de “arribista” los más oligarcas, de “negro” los racistas, de “indio” los clasistas. A lo cual él respondía: “Unos nos dicen comunistas, otros nos llaman fascistas, nosotros solo podemos decirles que son gentes de mala fe”.

Gentes de mala fe, como lo fue Joseph Göbbels, el J.J. Rendón de Hitler, que recurrió ampliamente a la calumnia, a la censura y a la mentira como estrategias de su campaña publicitaria para acuñar al Partido Nazi y luego al Tercer Reich, declarando que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Un estilo publicitario que en Colombia ha sido calcado, primero por Laureano Gómez al pedir hasta el cansancio “calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda”, y que en nuestros días el señor Álvaro Uribe Vélez ha modernizado utilizando todos los medios disponibles para desprestigiar y ensuciar —sin vergüenza ni prueba alguna— el buen nombre de quienes se oponen a su macabro proyecto de refundación del país.

El gobierno de Uribe Vélez le interpuso 44 acusaciones falsas y temerarias a Gloria Gaitán y, al ser declarada inocente de cada una de las demandas, construyeron un prototipo de personalidad para que la gente la desdeñe y la irrespete. Han edificado una visión ridícula de su actividad política con el fin de crear una animadversión generalizada a sus demandas, porque ella señala al Estado como responsable del “memoricidio” que cubre no solo la ideología del líder popular, sino igualmente la manipulación presente que se hace en la Casa-Museo Gaitán y del monumento que la rodea, llamado El Exploratorio Nacional, dejado en ruinas y como depósito de basura de la Universidad Nacional. Se trata de presentar sus actos como una sinrazón anclada en la demencia para despojarla de toda legitimidad.

Lo que se requiere en Colombia son más de esos locos, capaces de ser indiferentes a las calumnias de quienes no entienden de pasión como motor de las ideas, de saltos al vacío sin temerle a la caída, de lealtad incondicional a la verdad histórica, de la fuerza del amor a Gaitán por haberle dado protagonismo y dignidad al pueblo colombiano. De esos locos que el padre Lebret le pide a Dios enviar sobre la tierra: “¡Dios mío! Envíanos algunos locos, de aquellos que se comprometen a fondo, de aquellos que se olvidan de sí mismos, de aquellos que se entregan verdaderamente hasta el fin. ¡Danos locos. Señor!”. 

*María Valencia Gaitán

 

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