Por: Umberto Eco

Dante y el islamismo

En 1919, Miguel Asín Palacios publicó un libro sobre la Divina Comedia de Dante que causó enorme sensación. En ese entonces estaba a punto de conmemorarse el aniversario 600 de la muerte de éste, el más italiano de los poetas.

En el libro, La escatología musulmana en la Divina Comedia, Así Palacios dedicó cientos de páginas a documentar las asombrosas semejanzas entre el alegórico ascenso de Dante del infierno al paraíso, y las travesías descritas por variados textos dentro de la tradición islámica, especialmente las varias versiones del viaje nocturno del profeta Mahoma al infierno y su ascenso al paraíso.

Las ideas del erudito español fueron explosivas, especialmente en Italia. El libro de Asín Palacios condujo a un apasionado debate entre los simpatizantes de su investigación y los defensores de la originalidad de Dante. Además, en ese entonces el mundo islámico era menospreciado en Occidente en medio de un clima de ambición colonial y “civilizadora”. ¿Cómo podía alguien pensar que un genio italiano como Dante debía algo a las tradiciones de esos andrajosos no europeos?

A fines de los años 80 en Bolonia, mis alumnos y yo organizamos una serie de seminarios que trataban de los intérpretes “delirantes” de Dante. Se publicó un libro (L’idea deforme, o “La idea deformada”, editado por Maria Pia Pozzato) que incluía varios ensayos sobre algunos de estos pensadores —Gabriele Rossetti, Eugène Aroux, Luigi Valli, René Guénon, Giovanni Pascoli—, todos los cuales eran etiquetados como intérpretes excesivos, extravagantes o paranoicos del poeta divino.

En ese entonces hubo cierta discusión en cuanto a si deberíamos incluir a Asín Palacios en las filas de estos excéntricos. Pero decidimos que no porque, para entonces, ya había habido mucha investigación subsecuente que demostraba que Asín Palacios había sido quizá excesivo a veces en sus afirmaciones, pero ciertamente no delirante.

Se ha establecido firmemente que Dante se vio influenciado por muchas fuentes musulmanas. Así que el tema de discusión no es si Dante recurrió a estos textos directamente, sino cómo llegó a tener acceso a ellos durante la Edad Media. Muchos eruditos cristianos escribieron de sus visiones del próximo mundo. Esas visiones están descritas en La vida de san Macario el romano, El viaje de Brandan y La visión de Tundal, así como en la leyenda del pozo de San Patricio. Pero, por supuesto, todas éstas eran fuentes occidentales.

En su libro, Asín Palacios comparó estas historias con las encontradas en la tradición islámica, demostrando que, como Dante, estos visionarios occidentales habían aprendido algo de los visionarios en la costa lejana del Mediterráneo. En ese entonces, Asín Palacios aún no sabía del Libro de la escala de Mahoma, redescubierto en los años 40, que había sido traducido del árabe.

¿Dante mismo pudo haber conocido la historia del viaje del profeta a la otra vida? Quizá haya escuchado de él a través de Brunetto Latini, su maestro, o leído las versiones en latín de textos árabes sobre la historia y teología del islamismo, que estaban incluidas en el Collectio Toledana, comisionado por Pedro el Venerable, el abad francés de Cluny, antes del nacimiento de Dante.

Por supuesto, el reconocimiento de estas influencias no quita nada a la grandeza de Dante. Muchos grandes autores han tomado las tradiciones literarias anteriores y, a partir de ahí, concebido obras totalmente originales.

Entonces, ¿por qué he desempolvado estos descubrimientos y debates? Porque ahora el libro de Asín Palacios ha sido relanzado por la editorial italiana Luni. La nueva edición tiene un título más atractivo, Dante e l’Islam (“Dante y el islam”), e incluye la excelente introducción escrita por Carlo Ossola para la traducción de 1994.

¿Aún tiene sentido leer el libro de Asín Palacios después de que tanta investigación sucesiva ha sostenido sus afirmaciones? Sí, porque está agradablemente escrito y presenta una cantidad inmensa de comparaciones entre Dante y sus “precursores” árabes. Y es incluso más relevante hoy en día, en una época en que, confundida por la estupidez bárbara de los fundamentalistas islámicos, la gente tiende a olvidar las relaciones que siempre han existido entre las culturas occidental e islámica.

 

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