Por: Cecilia Orozco Tascón

David contra Goliat

Encontré un documento extraordinario que pasó desapercibido en los medios pese a la gravedad de los hechos que revela y al valor civil que se requiere para escribirlo en una sociedad como la nuestra, cobarde a la hora de denunciar, no a los delincuentes obvios, sino a los personajes investidos de autoridad y poder que traspasan el límite de lo legal.

“Dejo (esta) constancia respecto de lo aprobado por la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura en la sesión del 24 de agosto de 2011”, inicia el magistrado Néstor Raúl Correa, que lleva escasos 7 meses en su cargo. Dice Correa: “propuse a la Sala cambiar a (su) actual presidente (José Alfredo Escobar Araújo), derogar el acuerdo que había creado 13 cargos de magistrado auxiliar con sus respectivos sustanciadores y elegir como director ejecutivo (para manejar un presupuesto de $2,5 billones) al candidato de más alto perfil gerencial. En las tres decisiones fui derrotado cinco votos contra uno (en una sala de 6 miembros)”.

En cuanto a Escobar Araújo, Correa Henao asegura que, “no tiene muy buena presentación… que tengamos como vocero a dicho magistrado”. Sobre la derogatoria de la medida de crear puestos, explica que “la forma como quedó estructurada no permite ‘visibilizar’ quién nombró a quién y por qué” y agrega que “Escobar se opuso (a echarla para atrás)”. La última batalla que perdió el rebelde fue la de la selección del funcionario que distribuirá los $2,5 billones: “(en la sala) se eligió (de una terna) a Diógenes Villa… (que) tiene para mostrar, en términos gerenciales, únicamente haber sido director de una cooperativa en Huila”. Y he aquí algo que habría que investigar: “un magistrado me ofreció hacer una nueva votación para que la elección (quedara) por consenso. Rechacé la oferta y preferí dejar esta constancia”.

Los que trabajan cerca del recinto de sesiones del Consejo cuentan que los insultos amenazantes de Escobar Araújo a Correa fueron tan intensos que se escucharon a través de las paredes. Y que después de la agitada sesión, el clima laboral para el valiente hombre se puso color de hormiga. Ignoro si por casualidad, 20 días después del rifirrafe, El Tiempo publicó un artículo que ni que fuera mandado a hacer: “en seis meses”, relataba, “Correa ha recorrido 20 ciudades por cuenta del tribunal” y criticaba al magistrado por haberse gastado $11 millones en tiquetes, hoteles y gastos de representación, suma, por cierto, modesta para el rango del funcionario y el número de viajes. La única fuente abierta de la nota era Francisco Escobar Henríquez, primo de Escobar Araújo y miembro de la misma Sala. El redactor incurrió en muchas inexactitudes y omitió indicar que no es extraño que la Judicatura se desplace a las regiones. Al margen, no sería mala idea la de comparar viajes, monto de gastos y sitios que Escobar Araújo haya visitado, con los de Correa. Éste, por ejemplo, estuvo en Mocoa, Riohacha, Florencia y Quibdó. Y prefirió renunciar a ir a Buenos Aires. Pero su silla en el avión fue ocupada por… Escobar Araújo. El embate continuó. Un portal de internet recordó que Correa se vio “obligado a renunciar” en 1995 por haberse hospedado en el Intercontinental de Cali en época del proceso 8000. Allí no se contó que la presencia del togado en esa ciudad por un día y una noche se debió a que fue, invitado, a dictar una conferencia en una universidad y que ese centro educativo pagó la cuenta. Más importante: que aquella situación fue tan clara que jamás se le abrió una investigación. Se sabe la fama que arrastra el Consejo. En el otro extremo, los círculos académicos y judiciales conocen la valía de Correa. No hay esperanza: la que él está dando es una pelea de David contra Goliat. Va a perderla en el terreno de la politiquería que apesta en la Judicatura, pero no en el campo de su dignidad.

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