Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

David vs. Goliat

Que el Consejo de Estado anulara la elección de Mockus fue una decisión legalmente impecable, así haya sido por obra de una demanda de un trío de abogados politiqueros indeseables, y aunque políticamente se hayan ofendido sus partidarios que creen que él es una deidad. Está probado que siendo el exalcalde representante legal de una entidad sin ánimo de lucro, esta contrató con el departamento de Cundinamarca seis meses antes de que fuera elegido senador, y eso, lamentablemente, vició su elección, aun cuando él no hubiese suscrito el contrato y hubiere obrado de buena fe.

Lo que estaba en juego no era solamente el problema de Mockus, sino asegurar que otros aspirantes a cargos de elección popular no se valgan del artificio de crear fundaciones y hacerse sus representantes legales para contratar con entidades públicas, pero teniendo el cuidado de no aparecer haciendo gestión alguna. Esta vez cayó Mockus, pero si no hubiera sido así, lo que habría pasado no lo habría detenido nadie.

Pero si lo de Mockus hizo temblar a muchos, lo que se viene con las averiguaciones que un grupo de jóvenes soñadores ha encontrado sobre la reiterada inasistencia de varios congresistas a las sesiones plenarias, va ser un tsunami político.

Estamos habituados a que las sesiones del Congreso son caóticas: mientras alguien interviene, muchos se dedican a todo menos a oír el expositor, y a eso se añade que hay algunos congresistas que no asisten u otros que incurren en la trampa de hacerse presentes y registrar su huella en señal de haber concurrido, pero inmediatamente se retiran del recinto. Costumbre perniciosa.

Pues bien, Catherine Juvinao Clavijo, Alejandro Alvarado Bedoya, Viviana Mercedes Miranda Alarcón, Alejandro Moncada Alzate, María Piedad Velasco Lacayo, Luis Miguel Moisés García y Johnny Ventura Julio integraron un grupo de jóvenes que apenas se están asomando a la vida y se dieron a la fatigante tarea de escudriñar en los archivos y gacetas del Congreso lo relativo a la inasistencia de los congresistas a las plenarias. Y asumieron esa empresa con el propósito de denunciar los casos más emblemáticos ante el Consejo de Estado, para que esta corporación tenga oportunidad de reiterar su jurisprudencia de que en estos casos procede la pérdida de investidura.

Nadie había hecho esta averiguación, pues lo máximo que se conocía era una que otra queja de algún medio denunciando que un congresista cobraba su sueldo sin haber asistido. Lo de ahora es una pesquisa a profundidad que después de muchos meses de esfuerzo ha identificado a los parlamentarios incumplidores del deber de asistencia, obviamente sin excusas justificadas.

Y en materia de las excusas presentadas, hay hallazgos sorprendentes que dan cuenta de médicos que auxilian las inasistencias de sus amigotes, extendiendo supuestas incapacidades para alegar eventos de fuerza mayor para no hacerse presente, cuando son artimañas para burlar la ley. Que tiemblen esos galenos cómplices.

Ya los medios han dado cuenta de que, por ejemplo, un parlamentario tan mediático como David Barguil tendrá que explicar ante el Consejo de Estado cómo y por qué acumuló tan reiteradas ausencias de las plenarias en cada uno de los años del período en el que se inauguró como representante a la Cámara. Y como él, muy seguramente el desfile de congresistas enredados será largo.

Esta cruzada va sacudir todos los sectores políticos, porque las mañas no son exclusivas de un solo partido. Se trata de un cáncer que hace años hizo metástasis en el Congreso y que no se ha enmendado por la sencilla razón de que tampoco nadie le había metido el diente a este asunto que, por fortuna, han removido estos quijotes de las nuevas generaciones que aún tienen los sueños y las ilusiones intactas. Preparémonos, pues, porque lo que se viene será un terremoto, peor que el de Mockus, pero igualmente merecido.

Adenda. Paz en la República. Colombia Siglo XIX es un documentado libro colectivo del que fueron editores Carlos Camacho Arango, Margarita Garrido Otoya y Daniel Gutiérrez Ardila, publicado por el Externado. Un repaso afortunado y necesario de las guerras en ese sangriento siglo.

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ramiro Bejarano Guzmán

Que caiga la máscara

Pobre ministra de Justicia

La mala hora militar

Pésima semana

No hay con quién