Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Davos 2020: ¿menos de lo mismo?

El foro de Davos cumplió 50 años. Para conmemorarlos, su creador, Klaus Schwab, propuso como tema central del encuentro el de cómo lograr un mundo cohesivo y sostenible. La reunión se ha convertido en el punto de encuentro de la plutocracia mundial. Salvo los invitados, los participantes deben pagar hasta US$650.000. Davos tuvo dentro de la agenda propuesta varios campos de discusión: ecología, economía, tecnología, sociedad, geopolítica e industria.

Las dos grandes figuras del evento fueron Greta Thunberg -quien no solo es la vocera del cambio climático, sino de la juventud cada vez más empoderada-, y Donald Trump. La primera hizo un vehemente llamado a las élites del poder para que actúen ya mismo. El segundo, en respuesta a Greta, los convocó a “rechazar a los perennes profetas de la fatalidad y sus predicciones del apocalipsis”. Pero no se detuvo allí y terminó amenazando a Europa con sanciones comerciales si no se llega a un acuerdo más profundo que el pactado entre Estados Unidos y China.

Sin embargo, desde el punto de vista conceptual, lo más interesante fue la propuesta de Schwab de repensar el modelo capitalista por no haber logrado las mejoras sociales que el mundo pide a gritos. Él distingue tres tipos de capitalismo: el primero, y el más extendido en estos tiempos, es el capitalismo de accionistas (diríamos salvaje), cuyo objetivo primordial es producir ganancias. El segundo es el capitalismo de Estado, cuya influencia ha venido ganando terreno representado por China. Y el tercero, el stakeholders capitalism, es decir, el capitalismo de las partes involucradas, que es su propia propuesta. Este sistema establece como objetivos, además de las ganancias razonables, garantizarles beneficios a todos los relacionados con los procesos: empleados, compradores, vendedores, suministradores, las comunidades y la sociedad en general.

El primer ministro japonés, Abe Shinzo, al intervenir en el foro, señaló que el concepto de stakeholders capitalism tiene una larga historia en Japón. Hizo mención a una práctica de negocios -que él llamó “filosofía”- desarrollada a partir del siglo XVIII por los mercaderes de la provincia de Omi, hoy Shiga, y conocida como sanpô yohi. Su traducción sería “bueno para todos”, y su finalidad, la de mantener una relación equilibrada entre el comprador, el vendedor y la sociedad. A esta práctica, resultante del ejercicio natural de los negocios, se sumó una tesis más elaborada que se debió al filósofo Ishida Baigan (1685-1744) y que se convirtió en fuente de la educación moral. En su Sekimon Shingaku (conocer por el corazón) incorporó dos aspectos de la ética de los mercaderes: la frugalidad y la combinación de honestidad y trabajo duro y diligente. Pero más allá, Baigan entendía que las ganancias, para ser legítimas, debían ser razonables y estar al servicio de la sociedad. Todo esto sobrevivió con el tiempo hasta la llegada del neoliberalismo que deterioró el capitalismo humano que tenía hondas raíces en Japón, como lo afirmó Abe.

Ojalá algo quede de este foro y no se hagan realidad las palabras de Greta: “Y luego, nada. Silencio. O algo peor que el silencio: palabras vacías y promesas que den la impresión de que se están tomando las acciones adecuadas”.

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