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hace 44 mins
Por: Luis Carvajal Basto

Davos, Putin y los marchantes “inocentes”

Mientras en Davos los líderes empresariales y políticos se han ocupado de analizar los desafíos económicos del momento, poco se avanza, en un período de gran necesidad, en los ajustes al régimen político que permitirán a la democracia funcionar. Pocos recuerdan el enorme reto ambiental y los compromisos del Acuerdo de París. Necesitamos, también los empresarios, un Estado, al igual que la economía y la sociedad, digital e inteligente, pero capaz de resguardar y hacer realidad los principios de la democracia liberal y proteger la vida en el planeta. En estas áreas la cumbre confirmó que se trata de Europa y “el resto”.

Cualquiera diría que en la cumbre tuvimos “de todo”, lo que puede ser verdad si nos referimos a un inventario de temas de interés empresarial. Por demás, “el descontento popular por la inestabilidad económica, el cambio climático, la desaparición acelerada de la biodiversidad o el acceso desigual a internet”, con una preocupación marcada por los efectos de los cambios tecnológicos, fundamentalmente en el empleo, en un momento en que debemos establecer si la digitalización de la economía y la automatización destruyen tantos trabajos como los que generan.

La intervención del presidente Trump, centrada en los logros de su gobierno y en los nuevos acuerdos comerciales con China y México, confirmó que la agenda mundial en 2020 estará determinada por las elecciones norteamericanas y su reelección (hoy por hoy, el escenario más probable), en un momento en que muchos reconocen sus acciones, básicamente la guerra comercial, como el principal factor de riesgo para la economía en 2020, con resultados palpables en la incertidumbre que ha erosionado el crecimiento mundial.

Muy poco se discutieron los efectos en la economía del proteccionismo renovado y la salida de Reino Unido de la Unión Europea, como si se tratara de cosas del pasado, y muchísimo menos las respuestas de la democracia ante el cambio digital, como si se tratara de asuntos del futuro, mientras siguen sin resolver nuevas demandas ciudadanas para las que respuestas de democracia inclusiva no han resultado suficientes. Pragmatismo y día a día han superado, en la cumbre de la inteligencia, a la necesidad de pensar y decidir estratégicamente, como hubiésemos esperado. ¿La inteligencia artificial, tema de temas, nos ayudará? ¿Son los problemas de Estado una preocupación empresarial?

La cumbre coincidió con las denuncias de The New York Times, recogiendo análisis del Departamento de Estado de los Estados Unidos, acerca de la influencia rusa en la convocatoria y desarrollo de la ola de protestas en Latinoamérica, aunque no se trata de un tema nuevo: no podemos olvidar las denuncias y juicios sobre esa misma influencia en las elecciones norteamericanas en 2016, la utilización de robots y el papel jugado en la divulgación de los correos privados de la candidata Clinton, un hecho que, al final, inclinó la balanza en esas elecciones.

Ha dicho el presidente Piñera que se ha tratado de un ataque al sistema político, tratándose, en realidad, de una extraña pero contemporánea forma de política exterior. El presidente Putin, convertido en amo digital de Rusia y zar de zares, y quien se está garantizando con una constituyente la continuidad por otros 20 años que las democracias occidentales no tienen, utiliza las mismas herramientas para influir en la política mundial complementando la amenaza de su arsenal nuclear. Pocos dudan hoy del liderazgo de Rusia en una soterrada guerra cibernética en la que, en realidad, no tiene contraparte estatal. Juega duro y no siempre por encima de la mesa, como en los tiempos de la KGB en la que trabajó.

La estandarización en la convocatoria de las protestas latinoamericanas desde las redes no es un asunto menor y hace ver la influencia desde Rusia como algo más que una coincidencia, llevándonos a insistir en la necesidad del sistema político de protegerse ante su obsolescencia digital. La mejor manera de tender una mano a su socio, el dictador Maduro, es propiciar la división en los países que se le contraponen (Maquiavelo), lo cual no niega la existencia de problemas al interior de los mismos sino, por el contrario, su manipulación.

En el caso de Colombia, problemas reales se han visto potenciados desde las redes, las que a su vez elaboran la agenda de los medios, en un país que de manera democrática hace relativamente poco eligió su gobierno. La dirigencia sindical y estudiantil, y los cada vez menos marchantes inocentes, deben reconocer ese hecho y no prestarse para un juego que no es contra el presidente Duque sino contra el sistema y la precaria estabilidad, también institucional, que hemos logrado, con inmensas dificultades, construir.

@herejesyluis

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2020-01-27T00:00:12-05:00

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2020-01-27T01:05:43-05:00

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